Estaba en el cuarto de mi primo Abel cuando el timbre sonó, "Chucha me olvidé que venía Julio!" dice Abel y al toque empieza a cambiarse de ropa.
Abel sale del cuarto corriendo y yo me quedo viendo televisión, "Caballero me tendré que regresar a mi casa", pienso triste, pero pasan unos minutos y Abel regresa, "Quieres ir a la casa de Julio?" (Julio, el padrino de Abel, es un fotógrafo famoso que tiene mucha plata y una casota de la que Abel siempre me habla) "Claro que quiero ir!"
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Abel y yo estamos en el asiento trasero del convertible de Julio, nos dirigimos a un conocido Club de San Isidro porque Julio tiene que recoger unos documentos que se ha olvidado. Yo nunca en mi vida había entrado a un Club tan bonito y lujoso como ese, y extrañamente, en vez de sentirme contento, me siento como avergonzado...
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Las puertas eléctricas del garaje se abren e ingresamos a la casa de Julio, una mansión inmensa llena de jardines y con una piscina ovalada en medio.

La puerta de la casa se abre y la esposa de Julio (una señora muy joven y guapa) sale a recibirnos, cuando me ve me saluda con una sonrisa, pero luego mientras caminamos hacia el interior de la casa escucho que le dice despacio a su esposo "Ese Abel se pasa, debería avisarnos si viene con visita"...
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Julio y su esposa han salido de compras y nos han dejado con su hijo Gonzalo de 6 años (a Gonzalo yo lo conozco porque varias veces me lo he encontrado en casa de Abel, es un niño rubio que aparece en varios comerciales de televisión, es un poco engreído pero buena gente), los tres estamos jugando futbol cerca de la piscina.
Luego de 10 minutos de juego, el equipo conformado por Gonzalo y yo le estamos ganando 4 a 3 al equipo de Abel y solo falta un gol para hacernos con la victoria (quedamos que era hasta los 5).
Gonzalo tira la pelota fuerte por arriba y yo corro a toda velocidad para recibirla, Abel no corre conmigo porque piensa que la pelota va a salir de la cancha, pero yo me barro con todas mis fuerzas y consigo evitar que salga, luego me acerco hasta el arco sonriente y la meto de cabecita, "GOOOOOOLLLL!!!" gritamos Gonzalo y yo felices, Abel a lo lejos me mira con cólera..
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Ya va a ser de noche, corre bastante aire en el jardín y los papás de Gonzalo no regresan, Gonzalo y yo queremos entrar a la casa pero Abel no nos deja, desde hace rato está que insiste en jugar a las tumbaditas, "Ya pues la ultima, ustedes dos contra mí y luego nos vamos a la casa"...
Yo no quiero jugar a las tumbaditas, conozco a Abel y sé que está molesto porque le ganamos en el futbol, pero es tanta su insistencia que no me queda otra que aceptar.
El juego comienza, Abel se olvida por completo de Gonzalo y se lanza contra mí, trato de evitar por todos los medios que me sujete pero no lo consigo (Abel es tres años mayor que yo, él tiene 12 y yo tengo 9), en menos de un minuto Abel consigue agarrarme de las piernas y alzarme en peso muy cerca de la piscina...
"Ya está, ya ganaste, podemos entrar a la casa?", le digo desde el piso pero él no me suelta y algo dentro de mi me dice que algo feo va a pasar
"Suéltame pues Abel, ya se acabó el juego" le pido de nuevo, pero Abel no me suelta y muy despacio, poco a poco, me va arrastrando hacia la piscina...
"Ya pues Abel, por favor suelta" le suplico, pero ya es demasiado tarde, Abel ha logrado llevarme hacia el mismo borde de la piscina sin que yo pueda hacer nada por evitarlo, una vez allí se monta encima mío, me mira a los ojos furioso y me dice: "Ahora quien es el que se rie huevón?"...
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Estuve dentro del agua por casi un minuto, ese día descubrí que es muy difícil salir a la superficie cuando llevas casaca, jeans y zapatos puestos, cuando logré salir al fin de aquella piscina helada, Gonzalo estaba llorando del susto y Abel no podía parar de reírse...
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Estoy dentro del baño esperando a que mi ropa salga de la secadora (Abel y Gonzalo están en la sala de televisión tomándose una taza de chocolate caliente que la empleada les preparó), de pronto siento como si algo en mi pecho quisiera explotar, así que me acerco a la puerta despacio, le pongo seguro, y luego para que nadie alla afuera pueda darse cuenta, me siento en el piso a llorar en silencio...
Fin.
PD: Aun ahora que soy adulto, hay veces que me siento como si siguiera ahogándome en esa horrible piscina.. como si aun siguiera encerrado en ese horrible baño...
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