Año 1982…
El pequeño Pepín escucha atento las indicaciones de su entrenador, en 10 minutos apenas, su equipo “Los Tigres FBC”, saldría al gramado del estadio Municipal de Surquillo a disputar la final de la categoría “Miniaturas” frente al peligroso “Sporting Colina” (actual campeón vigente).
El pequeño Pepín está muy nervioso, sabe que afuera en las tribunas, está sentada toda su familia: su mamá Elsa, su hermana Rossana, su hermano Beto y (lo que mas nervioso lo pone) su Papá Pepe, a quien (¡maldita sea!) se le ocurrió venir justamente hoy a verlo jugar por primera vez...
El entrenador les habla fuerte y tiene una tiza en la mano con la que hace garabatos sobre una pizarra vieja. Esos garabatos son “La Estrategia”, el pequeño Pepín lo sabe bien, porque el entrenador les dice siempre lo mismo antes de cada partido: “Muchachos, siempre para ganar se necesita una estrategia, sino, estamos cagados”... Y bueno, parecía ser verdad, porque esos pequeños Tigres no conocían la derrota, en los 10 partidos que iban jugados de ese campeonato.
Entonces el entrenador se dirige al pequeño Pepín, le dice: “Lobito (así le llamaba de cariño), tu vas a marcar al chiquillo Quiñones, ten mucho cuidado con ese negrito porque cuando arranca no lo para ni su vieja, corre como un ratero ese huevón carajo, así que ya sabes, pegadito nomás como chicle, y si sientes que se te va, le metes su ‘chiquita’ solapa nomás, siempre cuidando que no te vea el arbitro, porque si te expulsan nos cagas a todos”...
Cuando el reloj marcó las 9 y 30 de la mañana, los pequeños Tigres entraron a la cancha, un ruido ensordecedor se escuchó en una de las tribunas (porque en la otra estaba apertrechada la barra rival). El pequeño Pepín corrió presuroso hasta su posición de lateral izquierdo e inmediatamente como un cazador que busca a su presa, ubicó con la mirada al chiquillo Quiñones.. ambos se miraron con odio..
Y bueno comenzó el partido, que estuvo muy emocionante desde el principio, el pequeño Pepín cumplía a cabalidad con la estrategia de su entrenador y no soltaba ni un segundo la marca del chiquillo Quiñones. Pero fue en una desafortunada jugada (todos los Tigres se habían lanzado al ataque) que el arquero rival despejó el balón con tanta fuerza, que por más que saltó el pobre Pepín, la bola se le pasó por encima de la cabeza sin poder despejarla, entonces el chiquillo Quiñones, aprovechando la ocasión, comenzó a correr como alma que lleva el diablo en pos del esférico...
Mientras corría detrás de aquel chiquillo con todas sus fuerzas, por la cabeza del pequeño Pepín desfilaban muchos rostros: los de su familia, los de sus amigos del barrio, el de su entrenador, los de sus compañeros de equipo, todos aquellos que estaban allí de pie gritándole, “¡¡Alcánzalo Joseeee!!”, pero de alcanzarlo nada y lo que es peor, segundo a segundo, el pequeño Pepín notaba con angustia, como ese chiquillo lo iba dejando mas y mas atrás..
Era el momento de tomar una decisión y el pequeño Pepín así lo hizo: se tiro al piso con toda la energía que le quedaba y barrió arteramente y por detrás al pequeño Marcelino Quiñones, quien cayó aparatosamente de cara frente a la vista de todo el respetable (entre ellos su padre, el ex campeón sudamericano de box del mismo nombre). Al instante toda la tribuna rival se puso de pie y comenzó a insultar furiosa al pequeño Pepín, quien asustado y con las piernas todas raspadas, se paró y fue a ayudar a levantarse al otro chiquillo. Las tribunas se volvieron un campo de batalla donde por varios minutos más de uno se agarró a golpes, menos mal que las cosas se calmaron un poco cuando el pequeño Pepín salió expulsado con la tarjeta roja.
Quince minutos después la tribuna del equipo rival volvería a convertirse en un loquerío, cuando el pequeño Marcelino Quiñones, anotaba el gol que le daría el campeonato (por segundo año consecutivo) a su equipo...
Cuando se acabó el partido, el entrenador con la cara muy seria, le dijo al equipo que se juntaran en el camerino porque quería conversar un minuto con ellos. El pequeño Pepín entró muy triste y asustado, pensaba que todos lo odiarían y le echarían la culpa de la derrota, el entrenador comenzó a hablarles:
“Muchachos, me siento muy orgulloso de ustedes, en serio, todos han jugado muy bien, todos se han sacado la mierda en la cancha… (Dijo esto ultimo mirando al pequeño Pepín)… hoy todos ustedes se han portado como hombres, porque en esta vida muchachos lo que vale no es ganar, ni perder, lo que vale... es dejarlo todo en la cancha...”
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No se si este humilde hombre de 35 años, ingeniero sin chamba, taxista por necesidad, entrenador por vocación, se haya dado cuenta de la gran lección de vida que le dió a esos 14 niños que lo escucharon atentos, pero al menos en lo que a mi respecta, se me quedaron grabadas para toda la vida estas dos frases, que quiero compartir con ustedes:
"Siempre para ganar, se necesita una estrategia"
"En esta vida no importa ganar, ni perder, lo que vale es dejarlo todo en la cancha"
Fin.
PD1: Esta historia la tenía guardada por ahí y decidí colgarla, porque creo que tiene muchísimo que ver con el triunfo de este Blog en el concurso de los 20 blogs peruanos.
PD2: El sábado el cumpleaños de Cami quedó buenísimo, mi gorda bailó y se divirtió muchísimo, aquí les dejo estas fotitos del Happy B-Day y la piñata.
PD3: Queda pendiente la reseña por el Blog Day 2009, la publicación de mi simple (pero efectiva) “Estrategia para ganar” (porque sino estábamos cagados, como decía el entrenador), el chisme de porqué llegué tarde ese día y la respuesta de uno de los organizadores del evento cuando le pregunté cuantos votos había logrado este blog en el conteo final..
PD4: ¡¡FELIZ DÍA DEL BLOG!!.. Un abrazo fuerte a todos mis amigos blogueros y un besototote (con el permiso de la K, jaja) a todas mis amigas blogueras, pero sobre todo un Feliz Día muy especial a mi Blogcito, que si no fuera por él no hubiera podido conocer a tanta gente linda como son todos ustedes mis queridos amigos =)
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