domingo, 3 de junio de 2007

La muerte más digna

Un grito estridente me despertó en la madrugada, era la kari. Aseguraba, mientras temblaba de pies a cabeza, que algo nos había pasado por encima mientras dormíamos. Como siempre que me levanta a media-noche por alguna razón estúpida (el zumbido de un zancudo, una araña en el techo, etc..), yo estaba con un genio de los mil demonios..

-Carajo Kari! Y ahora que pasa!
-Pepe algo nos ha pasado por encima! Creo que es una rata!

Fue la primera vez que tuvimos noticias de esa incomoda huésped, que colándose por debajo de la puerta del garaje había hecho del inexpugnable lado trasero de nuestra cocina su propio plan "mi vivienda"...

Pude confirmar la presencia de "la visitante" algunos días después cuando salía de la ducha y pude ver una enorme cola color gris introduciéndose velozmente por detrás del refrigerador. Así que sin perder tiempo en vestirme, obstruí todos los posibles medios de escape de la habitación, le dije a kari que me pasara la escoba azul, y me encerré en el comedor con mi sayonaras y una toalla amarrada en la cintura cubriendo mis áreas nobles. Y así, con toda la pinta de un cazador pre-historico, adopté una posición de alerta máxima y ataque, mis cinco sentidos enfocados únicamente en cualquier sonido que delatara el escondite de la intrusa, y al no percibir ninguno, me dedique a mover cada uno de los muebles del comedor –que no son mucho por cierto-, totalmente seguro que en cualquier momento "la visitante" saldría presurosa de su escondite y yo podría darle muerte segura.

Pero pasaron los segundos, los minutos, y la visitante nada de aparecer, moví el refrigerador, la mesa, las sillas, el repostero y nada. Por la ventana del comedor, la kari y fiorella (nuestra asistente personal) observaban muertas del miedo cada uno de mis movimientos, estoy seguro que admiradísimas del gran valor y arrojo que yo mostraba, enfrentándome a las garras y el hocico de ese roedor gigante. Pero como les digo, la visitante nada de aparecer. O estaba demasiado bien escondida o ya hace rato que se había fugado del lugar sin que yo lo notase, ustedes saben, por algo son "ratas".

Y así comenzó todo un vía crucis que duró como una semana, en donde tanto fiorella como kari, frecuentes visitantes de esa área negada para los hombres, que es la cocina, me hacían pegar unos brincos hasta el techo con sus alaridos, los de kari -mas bien discretos- no tanto, pero ¡coño los de fiorella! ¡parecían una sirena de ambulancia mezclado con carnavalón cajamarquino!. Así que por la salud de mis oídos, decidí acudir a la ferretería mas cercana y adquirir a un bajo precio, un sobre de un potente veneno para ratas marca "killer", cuyas instrucciones precisas decían que había que colocarlo en pequeñas cantidades cerca de la madriguera del roedor, y que luego de cuatro o cinco días de consumido el veneno, el roedor moriría sin dolor, victima de una hemorragia interna que lo dejaría mas tieso que poto de muñeca, y encima disecado, lo cual no generaría malos olores. Definitivamente este veneno comprado en la ferretería de don ataulfo era una maravilla.

Así que siguiendo las instrucciones procedí a colocar el venenito en cajitas de fósforos y en tapitas de gatorade, muy cerca de la cocina y detrás del refrigerador, y ¡oh sorpresa! Al otro día que hice esto, ambas cajitas estaban completamente vacías, "Era un hecho que en cuatro o cinco días –como indicaban las instrucciones- la visitante moriría solita, sin mover yo un solo pelo", le decía a la kari a la hora del desayuno, sintiéndome un triunfador.

Pero transcurrían los días y la visitante seguía vivita y coleando, incluso podría asegurar, que gozaba de mayor vitalidad que yo mismo, que llegaba noche tras noche cansado y estresado de mi nuevo trabajo. Tanto kari como fiorella la seguían viendo, corriendo detrás del refrigerador, escalando ágilmente la pared posterior de la cocina, mientras yo, derrotado, apenas podía quitarme los zapatos, tomar una ducha, y tirarme a la cama a dejar reposar un poco mis pobres huesos. Empecé a sospechar que don ataulfo me había estafado vilmente con ese veneno para roedores marca "killer", así que pensé en adquirir próximamente varias de esas enormes trampas para ratas que vendían en la misma ferretería. "Te quería evitar el sufrimiento pendeja, ¡pero ahora si vas a morir sufriendo basura!", pensaba yo, iracundo e impotente ante la aparente inmortalidad de mi rival.

Luego de casi dos semanas, muy temprano por la mañana, otro grito escandaloso me hizo levantar de la cama, esta vez a las 5 y media de la madrugada. Cuando Salí del cuarto y cruce el umbral del comedor, allí estaba la kari con el rictus congestionado y los ojos salidos de sus orbitas, "¡ALLI ESTA PEPE!.. ¡EN LA COCINA!".

Le pregunté si estaba muerta pero me dijo que no, así que curioso y de puntillas, me acerqué a la puerta de la cocina y pude verla. Era enorme, gordísima y con una cola larguísima que agitaba con cierta elegancia –lo que sea de cada quien-, cuando me vio pareció no importarle y se quedo allí, de lo mas fresh, en el mismo lugar en medio de la cocina, pude notar que devoraba una pierna de pollo, sobra de la cena del dia anterior. No pude menos que admirar a ese maldito roedor, que valentía carajo de enfrentarse a su cazador cara a cara, inmutable, con nervios de acero. Al toque me fui hacia el patio y cogí la escoba, a la cual le saque la parte de la escobilla y le deje solo el palo, con el cual entre de nuevo en la cocina dispuesto esta vez a no dejar que se me escape por nada del mundo.

Cuando volví a entrar en la cocina la visitante ya no estaba allí, se había movido unos cuantos metros y se había colocado entre el lavadero y la cocina, allí había una especie de pasadizo por el cual justo cabía su robusto cuerpo, allí estaba tranquilita comiendo los restos de comidita que yo –don huevon- le dejaba todas las noches en la basura para que esta se alimentara. Así que sigilosamente, con el cuerpo pegado a la pared, avancé lentamente hacia el lavadero, y haciendo uso de una flexibilidad desconocida hasta ese momento, logre acomodar mi cuerpo de forma que mi improvisada lanza apuntaba exactamente a la cabeza de la infeliz visitante, quien distraída como estaba en su alimento matutino, ni cuenta se daba que la hora de su muerte le había llegado. Así que ¡ZAZ!.. descargué el golpe mortal, pero ante mi sorpresa, en las milésimas de segundo que duró mi movimiento, la visitante se dio cuenta de la lanza asesina y con un rápido movimiento se fue corriendo por detrás de la cocina y desapareció, una vez mas… ¡LA CONCHA DE TU MADRE! ¡RATA DE MIERDA!... grité con todas mis fuerzas alterado y patee la cocina. Estaba furioso, iracundo, molesto conmigo mismo por dejar escapar esa ocasión irrepetible, pero cuando ya me disponía a retirarme del campo de batalla, un sonido proveniente de detrás de la cocina me sugirió quedarme, en eso, increíblemente, la visitante salio de detrás de la cocina, primero sus orejitas, luego su hociquito, y finalmente todo su robusto cuerpo. Y fue entonces que me di cuenta…….. Estaba muriéndose lentamente debido al veneno, sus ojos pequeños, acuosos, nigérrimos, me miraban de una forma débil, triste. Era por eso que esa mañana la habíamos visto allí en medio de la cocina, exhibiéndose sin importarle que la observáramos. Empezó a moverse, lentamente, temblorosa, hacia mi, sin importarle de que yo tenia en mi mano el arma letal –que estoy seguro- sabia le daría muerte, avanzó hacia mi agonizante y se detuvo justo en frente de mi, apenas a un metro de distancia, alzó un poco la cabeza y me miro suplicante. Me cagó.. juro que ese roedor de 2 kilos me cagó, me quedé petrificado, con el palo en la mano, sin saber que hacer, pero la visitante seguía allí, mirándome con esos ojos, ¡esos ojos!, lo juro, no estoy loco..
Así que armándome de valor, agarre el palo lo alce en el aire y lo deje caer dos veces sobre ella, quien se dejo asesinar tranquila, sin moverse.
Toda el día sentí pena por ese animal, en el auto, en el trabajo, y nadie me podrá quitar de la cabeza jamás, que ese pequeño roedor eligió enfrentar su muerte cara a cara, antes de dejarse derrotar en manos de una muerte deshonrosa. Ese pequeño acto de valentía me dejo knockeado y me hizo pensar, que hasta la criatura mas pequeña de este mundo puede darnos una lección de vida. ¿No es así?..

8 comentarios:

coco dijo...

Tu batalla no muy triunfante, puesto que ella o el (lo averiguaste??) entrego su triste existencia ya perdida, me causa una aguda pregunta... Fiorella es la sirvienta???

Anónimo dijo...

la fio es quien nos ayuda con nuestra bebe..
gracias por leer!
EBP

Eve dijo...

Insisto, el detalle de como escribes es genial, felicitaciones! Y dale sigue escribiendo.

Anónimo dijo...

gracias eve... :)

damian dijo...

habia leido post anteriores tuyos pero no muchos por q eran muy largos, pero este se deja ler tranquilo, habia una en mi casa, q hasta le pusimos nombre, se llamaba marylin como la mujer de mi primo aquien mi mama no puede porq es una jigadora q estando con su marido estaba con mi primo, y lo dejo pa estar cn mi primo, bueno se paseba por tioda la cas y es q los inquilino son muy sucios y dejaban su basura afuera, la maldita rata aparewcio en mi cuarto yo la vi entre sueños q pasaba, desperte bien y era ella q al verme echadito en micama se paro en sus 2 piernas y me enseño sus diente su patitas y su panza blanca q asco y era grande. q si era un pericote le lanzaba un tabazo, yo literalmente al irse, me fui a la cama de mis padres, y me queje cual niño, hay una rata en mi cuarto y me meti en la cama con ellos, (es q soy el menor) me dijeron q durmiera en el cuarto de mi hermana, q miedo, nunca murió, q la atrapamos viva (la atraparon q a mi me contaron) y la botaron afuera para matrla pero esta q es mas rata, se quito al toque

L.A dijo...

oe pepín, nunca había leido tu primer cuento, has mejorado bastante...sobre todo porque tienes ahora más vocabulario... pobre rata, la verdad que cuando yo mate a una también, me entró la culpabilidad de saber que habia asesinado a alguien.

GuAmBrA LoCo dijo...

que bien que escribes

Anónimo dijo...

:S solo me imagino los ojitos que habrá puesto y me da penita... igual tenia que morir :(