"Así que caminé hasta la cocina y busqué con paciencia un cuchillo..."

“Bueno, aquí te lo dejo pues... que tengas buenas noches…”, dijo Pacho, regalándole a la mujer la mejor de sus sonrisas. Ella no pronunció palabra alguna, pero lo miró a los ojos con tanta rabia, que el sujeto avergonzado solo atinó a agachar la cabeza, darse media vuelta, y retirarse caminando lentamente. La mujer lo siguió con ojos fieros hasta que el tipo se perdió por la esquina, luego recién se dirigió a mi, “Pasa…”, me dijo, y yo le obedecí.

La casa era la misma, estaba seguro, pero por dentro todo lucia diferente, solo la enorme mesa pegada a la pared parecía ser la misma, por un instante sentí un devaneo, así que jalé una silla y me senté, la mujer desapareció por la puerta que daba a la cocina dejándome solo, el sonido de las manecillas del reloj llamó mi atención, eran casi las cuatro de la mañana. Mis ojos recorrieron la habitación palmo a palmo, las paredes estaban tapizadas por un papel con dibujos de color marrón (los dibujos parecían ser carruajes jalados por caballos), había repisas por todos lados, abarrotadas de pequeños adornos de loza, las figuras de muñecas y elefantes predominaban, el piso era de cemento pulido color rojo, y los sillones vestían coloridas fundas de lana tejidas a mano.

De pronto la mujer regresó a la sala, traía consigo un plato de sopa caliente que prácticamente arrojó en la mesa delante mío, “Tu comida”, me dijo secamente, y se sentó frente a mi mirándome con una mezcla de pena y frustración. “¿Por qué haces esto Juan?”, dijo de pronto, y yo no supe que contestar, solo atiné a llevarme una cucharada de sopa hirviendo a la boca, pensé que comiendo un poco quizás podría entender mejor lo que estaba pasando, la mujer continuó hablando, “Ya no sé que hacer contigo… ¿Cuando vas a dejar de tomar como una bestia, Juan?... ¿Cuándo vas a dejar de parar con esa gente… que solo sabe arruinarte la vida?, ya tienes 29 años, y te sigues comportando como un chiquillo, no sabes… el dolor que me ocasiona tu actitud”. Entonces la miré a los ojos, aquellos ojos pardos tan bonitos que siempre me habían llenado de paz, “Lo siento mucho”, pude decir, e inmediatamente mis ojos se llenaron de lagrimas… “Siempre haces lo mismo Juan, llorando no solucionas nada ¿sabes?…”, sentenció la mujer, a continuación se puso de pie, y desapareció por la puerta que conducía al dormitorio.

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Me terminé todo el plato de sopa, y me quedé un largo rato sentado en aquella habitación, necesitaba estar a solas y entender lo que estaba pasando, al instante mi mente se vió sacudida por una ráfaga de ideas, ¿Es esto un sueño?, ¿Una alucinación producto de alguna droga?, ¿Acaso estaba yo muerto?... intenté razonar cada una de las posibilidades. Podía ser un sueño, tal vez yo en estos momentos, aun estuviera tirado en aquel baño mugroso durmiendo, vencido por la borrachera, y en cualquier momento despertaría… o tal vez había estado tan borracho, que aquellos sujetos del bar me habían convencido de ir a ese sitio del que hablaban a consumir heroína, si… tal vez todo esto fuera solo mi primer gran viaje de heroína, tal vez ahorita yo estaría tirado en el piso de algún lugar, temblando con una aguja en la vena, y todos ellos estarían sentados a mi alrededor mirándome con cara de cojudos… o tal vez estaba muerto, tal vez el golpe en la cabeza fue tan fuerte que me quedé allí nomás, o tal vez el tipo ese Kanko me había asesinado para quitarme el sobre con dinero que llevaba en mi casaca, tal vez me encontró inconsciente tirado en el suelo, me bolsiqueó, y cuando se dio cuenta de la plata, sacó un cuchillo y me mató, esos tipos eran así, unas sanguijuelas, en verdad no me extrañaría para nada estar muerto ahorita, y que toda esta... "pesadilla"… fuera una especie de limbo, o purgatorio, un estado pre-mortuorio, antes de irme derechito al infierno, claro…… Entonces, una fugaz idea cruzó por mi mente, había una forma de saber de una vez por todas, si estaba muerto o seguía vivo, así que caminé hasta la cocina y busqué con paciencia un cuchillo...

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“Tengo que cortarme”, me dije a mi mismo antes de abrir la puerta del baño. “Si esto es un sueño, despertaré antes de poder hacerlo, siempre sucede así en las pesadillas, uno despierta siempre antes de recibir el golpe mortal, lo mismo sucederá si esto es una alucinación producto de la droga, solo una prueba tan fuerte como esta provocará que mi mente vuelva a tomar el control de mi cuerpo, y yo pueda despertar… ¿Y si ya estoy muerto?... bah… si estoy muerto ya no interesa si me corto…”

Abrí la puerta cuidadosamente e ingresé al baño tratando de no hacer ruido, con el cuchillo en la mano tanteé en la oscuridad en busca del interruptor, lo presioné y la habitación fue inundada por una luz amarilla muy tenue, fue solo en ese momento, que pude ver mi rostro en el espejo…… asustado arrojé el cuchillo de mis manos provocando un ruido espantoso… efectivamente, el rostro que tenía frente a mi pertenecía a Juan Vargas, y se parecía mucho al mio… pero no era yo. Era el rostro del otro Juan Vargas… mi padre……


Continuará…

6 comentarios:

Luis Alberto Mesones dijo...

Me tomé un rato para ver tus dos últimos post, me da la impresión de que mejoras la elaboración de tus cuentos, estaré al tanto de lo que sigue...
cuidate.

Jose Arguedas dijo...

Gracias por el comment Luis, lo que pasa es que creo que tu empezaste a entrar al blog en un momento en que empecé a publicar historias pasadas, y bueno, de hecho que uno, con el tiempo, va escribiendo diferente, no creo que mejor jaja.. pero bueno, GRACIAS por tu opinión y gracias por seguir leyendo..
Saludos,
Pepe

KaLyA dijo...

Ajá, un giro inesperado otra vez, excelente continuación, pero nos deja con ganas de saber el final.. ya!.
Saludtz
KaLyA

Jose Arguedas dijo...

Jajaja... Muchas gracias por leer KaLyA!

chOc dijo...

Esperando por la siguiente entrega...standing by!

Jose Arguedas dijo...

Gracias por la espera tío.. [nomás tengo que elegir uno de los cuatro finales que se me ocurren jaja]..
Bytes!
Pepe