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martes, 8 de diciembre de 2009

Surquillo

"¡PAFFF!... ¡Ya cállate conchatumadre!".. Quique la cagó, le metió una cachetada al pituco y lo hizo llorar, ahora la gente se va a dar cuenta, una señora gorda que pasaba se ganó el pase y nos miró raro, "Ya ya huevón sacate las zapatillas al toque, no hagas que te pegue de nuevo"… la señora gorda retrocede unos pasos, se acomoda los lentes para ver mejor y… "¡Rateros…Suéltenlo!... ¡Policía!"... la cagada… a correr nomás…

Ágiles, fuertes y con la adrenalina a mil, Quique y yo corremos por las calles de miraflores con nuestras mochilas llenecitas de objetos robados, un par de zapatillas reebok fosforescentes, un reloj swatch con motivos japoneses, un skate "Santa Cruz", en fin, las cosas mas raras y exclusivas, pedidas por los chibolos del barrio y canceladas en efectivo (a la quinta parte del costo real) por sus madres, al fin y al cabo, ninguna de ellas podía comprarle esos objetos a sus hijos en las tiendas, ¿iban acaso a pagar 100 dólares por un par de zapatillas? ¿250 dólares por un Skate?, ¡ni de vainas!, nos compraban a nosotros, ¡Quique y yo éramos los Robin Hood de Surquillo!, había que ver los rostros de los chibolos del barrio cuando les llevábamos a la puerta de su casa lo que habían pedido, sus caritas resplandecían de ilusión y alegría.

No éramos los únicos, como nosotros habían muchos en el barrio, los podías identificar fácilmente, jóvenes de clase media baja, con el corte "honguito" de moda y exageradamente bien vestidos, paseando perros de razas (cuyos precios fluctuaban entre 100 y 300 dólares) por las calles sucias y maltrechas de Surquillo, era un espectáculo surreal y hermoso.

En mi casa por razones obvias desconocían de mis andadas, pero mi viejo sospechaba y en mas de una ocasión quiso sacarme información, yo me cerraba , me hacia al loco, y cuando ya la cosa se ponía insostenible, lo dejaba hablando solo y me iba a la calle a fumarme un bate tranquilizador, luego regresaba muy de noche cuando todos en la casa ya estaban durmiendo.

Los sábados eran maravillosos, por lo general nos íbamos a la playa muy temprano, a correr, a nadar y a quedar bien bronceaditos para la fiesta de la noche, nos tirábamos como reses en la arena y esperábamos hasta que se ocultara el sol para retirarnos, solamente si teníamos ganas o nos faltaba efectivo robábamos un par de zapatillas o un relojito en el camino, las victimas por lo general eran bañistas que (al igual que nosotros) abandonaban la playa muy tarde.

El día de mi cumpleaños número 18 mis amigos me organizaron una fiesta espectacular, con mucho trago, buena música y lindas flaquitas, esa noche conocí a Surama Valderrama, una flaquita bien de avanzada conocida en todo Surquillo y balnearios como la popular "Sury". Luego de varias botellas de cerveza y varias piezas de salsa pegadita la cosa pintaba para campeón, así que haciendo uso de mi condición de "dueño del Santo" le susurré a Sury en el oído la idea que hace rato me rondaba la cabeza.

Minutos después estábamos en "La carcocha" (un auto viejo y abandonado en un corralón, allí íbamos los del grupo siempre que queríamos estar solos, allí bebíamos, allí fumábamos y a veces hasta dormíamos cuando a alguno de nosotros lo botaban de su casa), Sury conocía nuestro escondite, había estado allí muchas veces, varios de mis jóvenes colegas me habían contado con lujo de detalles la manera como disfrutaron de sus caricias en el asiento trasero de la carcocha, pero para mi era la primera vez con Sury, para ser mas precisos, era la primera vez que intentaba llegar mas allá de los besos con una chica luego de lo que pasó con "Ella", pero no quería pensar en eso ahora, estaba muy drogado y demasiado excitado para razonar, para detenerme, así que seguí besándola desesperadamente y recorriendo con mis manos los lugares más recónditos de su adolescente anatomía, pude al fin desabrocharle la blusa y comenzar a lamerle los pechos, "Despacito, suavecito", susurraba Sury con una vocecita entre ronquita y suave, lo cual en vez de tranquilizarme terminó por volverme bestia del todo, así que le bajé el calzón, la abrí de piernas toscamente y mirando su rostro bello echado hacia atrás, con los ojos cerrados y mordiéndose los labios intenté consumar el acto penetrándola... pero no pude.



"Pero sé que me quieren, como los quiero..
Saben a quien me refiero,
A los que conmigo crecieron.."


Fin.

PD1: Hace algunos años se me dió por escribir cuentos y mandarlos a concursos (concursos en los que nunca gané nada por cierto jaja), escribí como 3 creo, uno de ellos se llamaba "Mi padre, ella y yo", este post es un fragmento, a ver que les parece...

PD2: El video que aparece al final del post pertenece al grupo de rap "Fakir Ft. Norick", el tema me lo recomendó mi pata Stone Dick y me parece que la letra le cae a pelo a este post, muchas gracias local..

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