Ayer sentí la necesidad de verte, y fue por eso que junté todas las bolsas de basura y caminé hasta tu casa para dejarlas, porque una vez tu me dijiste “Si se te juntan las bolsas de basura puedes llevarlas a mi casa, que yo me encargaré de botarlas”, y yo sentí para mis adentros, que eso que me habias dicho, había sido una de las cosas más dulces que me habías dicho en la vida…
Por eso abro la puerta de tu casa con mi llave (con esa llave vieja que me diste alguna vez, y que no sabes (ni sabrás) para todas las cosas malas que sirvió), y caminando hacia el patio veo la luz de tu cuarto prendida y me alegro, así que dejo mis bolsas dentro del tacho inmenso, y camino hasta tu cuarto y me detengo en el marco de tu puerta, porque yo nunca entro a tu cuarto (¿te has dado cuenta?), tal vez sea porque no me gusta, tal vez sea porque nunca me has invitado a pasar. Estás allí echado en la cama, viendo televisión, sin zapatos, el clásico vividí percudido, el rosario en el cuello, me saludas con un “¿Y?” y yo te respondo con un “Allí”, y luego me dices “¿Y cómo está la chamba?” y yo te respondo que “Bien”, y luego los dos nos quedamos callados, y tu vuelves a mirar la televisión, y yo recorro con la mirada tu cuarto, ese cuarto de 3 por 3 donde vives solo y aislado, y veo tu ropero de expolicia, y veo tu mesa de noche llenecita de cuadros e imágenes religiosas, y veo tu biblia verde, esa viejísima biblia verde que lees todos los días, esperando quizás que leyéndola, borrarás todas las equivocaciones del pasado...
Y entonces los dos nos vemos-sin-vernos por un instante (un instante en el que yo confirmo lo mucho que me parezco a ti, todo el mundo me lo dice), y yo me despido de ti con un “Bueno, me voy”, y tú me respondes con un “Ok, cuídate”, y entonces camino hasta la puerta, sintiéndome extrañamente reconfortado, pensando, “Hasta la próxima vez que venga a botar la basura, Papá”…
Fin.
PD1: Escribí esto porque hace poco me dijeron que yo terminaría como tu…
PD2: Escribí esto porque no puedo decirtelo en tu cara y se que nunca lo vas a leer..
PD3: Y finalmente, escribí esto, porque fue (en cierta forma) como botar la "basura" que llevo dentro…
PD4: Seguimos dando batalla.. Votar AQUI por “Un orgasmo para Pamela”
"Así que caminé hasta la cocina y busqué con paciencia un cuchillo..."
“Bueno, aquí te lo dejo pues... que tengas buenas noches…”, dijo Pacho, regalándole a la mujer la mejor de sus sonrisas. Ella no pronunció palabra alguna, pero lo miró a los ojos con tanta rabia, que el sujeto avergonzado solo atinó a agachar la cabeza, darse media vuelta, y retirarse caminando lentamente. La mujer lo siguió con ojos fieros hasta que el tipo se perdió por la esquina, luego recién se dirigió a mi, “Pasa…”, me dijo, y yo le obedecí.
La casa era la misma, estaba seguro, pero por dentro todo lucia diferente, solo la enorme mesa pegada a la pared parecía ser la misma, por un instante sentí un devaneo, así que jalé una silla y me senté, la mujer desapareció por la puerta que daba a la cocina dejándome solo, el sonido de las manecillas del reloj llamó mi atención, eran casi las cuatro de la mañana. Mis ojos recorrieron la habitación palmo a palmo, las paredes estaban tapizadas por un papel con dibujos de color marrón (los dibujos parecían ser carruajes jalados por caballos), había repisas por todos lados, abarrotadas de pequeños adornos de loza, las figuras de muñecas y elefantes predominaban, el piso era de cemento pulido color rojo, y los sillones vestían coloridas fundas de lana tejidas a mano.
De pronto la mujer regresó a la sala, traía consigo un plato de sopa caliente que prácticamente arrojó en la mesa delante mío, “Tu comida”, me dijo secamente, y se sentó frente a mi mirándome con una mezcla de pena y frustración. “¿Por qué haces esto Juan?”, dijo de pronto, y yo no supe que contestar, solo atiné a llevarme una cucharada de sopa hirviendo a la boca, pensé que comiendo un poco quizás podría entender mejor lo que estaba pasando, la mujer continuó hablando, “Ya no sé que hacer contigo… ¿Cuando vas a dejar de tomar como una bestia, Juan?... ¿Cuándo vas a dejar de parar con esa gente… que solo sabe arruinarte la vida?, ya tienes 29 años, y te sigues comportando como un chiquillo, no sabes… el dolor que me ocasiona tu actitud”. Entonces la miré a los ojos, aquellos ojos pardos tan bonitos que siempre me habían llenado de paz, “Lo siento mucho”, pude decir, e inmediatamente mis ojos se llenaron de lagrimas… “Siempre haces lo mismo Juan, llorando no solucionas nada ¿sabes?…”, sentenció la mujer, a continuación se puso de pie, y desapareció por la puerta que conducía al dormitorio.
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Me terminé todo el plato de sopa, y me quedé un largo rato sentado en aquella habitación, necesitaba estar a solas y entender lo que estaba pasando, al instante mi mente se vió sacudida por una ráfaga de ideas, ¿Es esto un sueño?, ¿Una alucinación producto de alguna droga?, ¿Acaso estaba yo muerto?... intenté razonar cada una de las posibilidades. Podía ser un sueño, tal vez yo en estos momentos, aun estuviera tirado en aquel baño mugroso durmiendo, vencido por la borrachera, y en cualquier momento despertaría… o tal vez había estado tan borracho, que aquellos sujetos del bar me habían convencido de ir a ese sitio del que hablaban a consumir heroína, si… tal vez todo esto fuera solo mi primer gran viaje de heroína, tal vez ahorita yo estaría tirado en el piso de algún lugar, temblando con una aguja en la vena, y todos ellos estarían sentados a mi alrededor mirándome con cara de cojudos… o tal vez estaba muerto, tal vez el golpe en la cabeza fue tan fuerte que me quedé allí nomás, o tal vez el tipo ese Kanko me había asesinado para quitarme el sobre con dinero que llevaba en mi casaca, tal vez me encontró inconsciente tirado en el suelo, me bolsiqueó, y cuando se dio cuenta de la plata, sacó un cuchillo y me mató, esos tipos eran así, unas sanguijuelas, en verdad no me extrañaría para nada estar muerto ahorita, y que toda esta... "pesadilla"… fuera una especie de limbo, o purgatorio, un estado pre-mortuorio, antes de irme derechito al infierno, claro…… Entonces, una fugaz idea cruzó por mi mente, había una forma de saber de una vez por todas, si estaba muerto o seguía vivo, así que caminé hasta la cocina y busqué con paciencia un cuchillo...
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“Tengo que cortarme”, me dije a mi mismo antes de abrir la puerta del baño. “Si esto es un sueño, despertaré antes de poder hacerlo, siempre sucede así en las pesadillas, uno despierta siempre antes de recibir el golpe mortal, lo mismo sucederá si esto es una alucinación producto de la droga, solo una prueba tan fuerte como esta provocará que mi mente vuelva a tomar el control de mi cuerpo, y yo pueda despertar… ¿Y si ya estoy muerto?... bah… si estoy muerto ya no interesa si me corto…”
Abrí la puerta cuidadosamente e ingresé al baño tratando de no hacer ruido, con el cuchillo en la mano tanteé en la oscuridad en busca del interruptor, lo presioné y la habitación fue inundada por una luz amarilla muy tenue, fue solo en ese momento, que pude ver mi rostro en el espejo…… asustado arrojé el cuchillo de mis manos provocando un ruido espantoso… efectivamente, el rostro que tenía frente a mi pertenecía a Juan Vargas, y se parecía mucho al mio… pero no era yo. Era el rostro del otro Juan Vargas… mi padre……
Continuará…

