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viernes, 20 de febrero de 2009

La Fiesta


Así que es mi fiesta y allí estoy yo, bailando alegremente en medio de una ronda conformada por las cinco enamoradas que tuve en la vida, allí están A, D, M, C y K, todas con sus vestiditos blancos y su girasol en la cabeza, todas bailando y haciendo barrita a mi alrededor, todas lindas y sonrientes, mientras yo el agasajado muevo mis hombritos al compás de “el murguero”, luego cuando la canción se acaba, me dirijo presuroso hacia el otro extremo de la sala, donde están los mejores amigos que he tenido en la vida, a quienes abrazo fuertemente uno por uno, y me tomo un enorme vaso de cerveza al polo con ellos, luego todos salimos a bailar, porque pusieron “killing in the name of” y esa no se la pierde nadie, y yo la saco a mi K al medio, y me pongo a saltar al ritmo de la música, y mi K me mira y me dice “eres un loquito amor, nunca vas a cambiar…”, y yo la miro, le agarro sus dos cachetitos y la beso, y ella también se pone a saltar como una loquita, y yo me río y ella se ríe y todos se ríen y todos saltan, y cuando la canción se acaba me voy al baño, y allí está mi primo T, que me abraza y me mete al bolsillo el regalo de siempre, y yo abro el papelito fucsia y aspiro un poco de polvo, porque es mi fiesta carajo y estoy contento, y luego salgo de nuevo y ya llegó la banda invitada, y al toque nomás se comienzan a tocar un remix de las mejores canciones que he escuchado en mi vida, y todos mis amigos bailan y se toman fotos y son felices, luego todo se vuelve silencio, porque mi familia entera acaba de su subir al improvisado estrado y mi mamá me dice que suba y yo lo hago, y veo a mi mamá y mi papá que se abrazan tiernamente, como nunca los he visto abrazarse, y luego me dicen que me tienen una gran sorpresa, y yo miro detrás de ellos, y allí ocupando el lugar de la banda, están mis sobrinos A, D y M, todos ya jóvenes, A y D tocan la guitarra, y M está en la batería, y yo me río y les grito en broma ¡bajense de allí carajo!, y luego todos se callan porque en eso sube al escenario una jovencita preciosa de largos cabellos lacios y enormes ojos negros, me doy cuenta que es mi Camila que ya creció y me mira un poco avergonzadita mientras coge el micrófono, y luego mis sobrinos se ponen a tocar todos locos los acordes de una canción que me encanta y mi sirenita comienza con el “donde estabas entonces…”, y yo siento que no soporto más, y me pongo a llorar como un niño y corro hacia ella y la baño en besos y le digo que ni en mi sueño más lindo soñé tener una hijita tan hermosa como ella ...... y .... cuando abrí los ojos ...... seguía atrapado entre los fierros de mi auto destrozado, la sirena de la ambulancia sonaba y sonaba, y mis piernas y mi pecho estaban bañados en sangre … … "no se duerma de nuevo señor, ¡no se duerma!" decía un bombero nervioso palmeándome la cara, pero yo ya no quiero estar allí, ya no quiero escucharlo más, lo único que quiero ..... ... es regresar a la fiesta..........

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- Estas bromeando… ¿No?...
- No, es en serio Marito. Invítame pues… -repitió, con una sonrisita rara que indicaba que el trago ya le había chocado-
- Estas mareada Pamelita, mejor te acompaño a que tomes un taxi ¿Ya?...
- No, no quiero irme a mi casa… está bonita la fiesta… y si estoy un poquito mareada, pero mejor pues, tu no me has dicho que con “eso” te pasa…

Era la primera vez que una chica me pedía que le invite… no… eso no es cierto y lo aclaro: era la primera vez que una chica, que nunca antes había probado, me pedía que sea yo, quien le rompiera la ñata (como vulgarmente se le llamaba a la primera vez que jalabas coca). Y bueno, como el trago y la coca, aun no terminaban de derribar la totalidad de mis valores morales, le dije que no…

- No Pamelita… no me hagas esto, yo sería incapaz de hacerte probar esa mierda, yo sería incapaz de hacerte algo así…
- Pero tú no me estás obligando… soy yo, la que te lo estoy pidiendo –dijo despacito, acercando su rostro hacia mí. Era la primera vez que realmente me sentía atraído por ella-
- Aun así, no… -dije acariciándole el cabello-

Cuando terminó la canción llevé a Pamela donde mi grupo de amigos más íntimos, y con ellos seguimos bebiendo, bailando y haciendo bromas. No se en que momento pasó, pero de un momento a otro empecé a ver a Pamela con otros ojos, ya no era la chibola aburrida y sin personalidad con la que salía para olvidar los desplantes de Evita (esa china maldita que me traía loco desde hace tiempo). Ahora, desde mi sitio, mientras saboreaba un vaso de trago corto color naranja, la veía moverse con gracia al lado de mi amigo dante, agitando su cabello corto y lacio al compás de una música electrónica, ambos parecían estarse divirtiendo mucho, y a mi eso me puso contento, ver como mis amigos disfrutaban de mi fiesta me hacia feliz, así que, para disfrutar aun mas de ese momento, entré de nuevo al baño para aplicarme mas coca, cerré la puerta con seguro, y enseguida, bailando, al ritmo de la música, saqué de mi bolsillo el paquetito de papel transparente que abrí con mucho cuidado, y haciendo uso de mi oxidada llave, me metí cuatro jalones bien dados, dos por cada fosa nasal, luego me mojé la cara, el cabello, y salí de nuevo hacia la sala. Cuando llegué al sitio de mis amigos, pude notar que pamela ni dante estaban…

- ¿Donde está dante? –le pregunté al mox, otro de mis grandes amigos-
- Salió un rato con pamela tío, creo que se fueron a comprar cig…

Ni siquiera dejé que mox terminara la frase, al instante bajé como pude las escaleras, salí a la calle y comencé a correr hacia el parque que quedaba a la vuelta de mi casa, desde las bancas mas oscuras, desde detrás de los árboles, oculta, gente en tinieblas me pasaba la voz “habla marito”, “acá tengo marito”, pero yo no les hacia caso, porque a lo lejos había divisado las sombras de pamela y dante, que se acercaban la una a la otra… “¡Dante!”, grité lo más fuerte que pude, y vi como ambos, un poco avergonzados, se separaban y se acercaban hacia mi, “¿Qué pasó tío?... ¿Ahora asustas en los parques?…” –dijo dante, queriendo bromear conmigo- … “Sabes que webon, de ahí hablo contigo ya, déjame un rato a solas con pamela…” –dije sin mirarlo, si poder ocultar mi enojo-, “Ok tio, es tu Cumple…” –dijo dante, y se fue-

- Puta mare… ¿Qué se supone que ibas a hacer pamela?
- Nada…
- ¡Como qué nada!, si no llego a buscarte, ya estuvieras agarrando con dante…
- ¿¡¡¡¡YYYYYYY!!!!? –gritó pamela, sorprendiéndome, haciéndome sentir en plena cara su aliento levemente alcoholizado-
- ¡Cómo que ¿Y?!
- Si pues, ¿¡¡YYYYY!!?... sabes qué mario, así tú lo pienses, yo no soy ninguna cojuda, ya me cansé de ser yo la que le pone más a… “esto”… que ni siquiera se que cosa es…
- ………..
- Yo… para ti… soy solo la chibola webona, que te escucha tus wadas, que lee las cojudeces que escribes… ¿Sabes qué?... ¡Ya me cansé!... ¡Ándate a la mierda!

Y así, luego de todo lo que me dijo, luego de cagarme toditito, dio media vuelta y se puso a caminar furiosa hacia mi casa, mientras yo, en mi sitio, me había quedado sin palabras, pensando, que en esa escena “tarantinezca”, definitivamente la que se había llevado las palmas había sido ella… Y por primera vez la admiré… Y creo que la amé… y corrí hasta darle el alcance, y la cogí fuerte del brazo, aun podía salvar aquello …

- ¿Aun quieres que te invite coca?
- Si

**********

Muy despacio, abrí la puerta del primer piso de mi casa, mis padres probablemente estarían durmiendo, en realidad, ya estaban acostumbrados al ruido y a las fiestas locas que organizaba su hijo en el segundo piso cada cierto tiempo. Sin encender las luces, hice entrar a pamela al baño, y allí, alumbrados apenas por un encendedor, sentados ambos al borde de la bañera, hice que pamela inhalara varias veces coca, y luego de ello, excitados por la droga, la oscuridad, y la sensación de que en cualquier momento mis padres podían despertar y encontrarnos, comenzamos a besarnos y a sacarnos la ropa como locos, y así, al ritmo de “Don’t look back in anger”, que sonaba fuertísimo allá arriba, caímos los dos dentro de la bañera y nos amamos de una forma que podría describir como tierna y violenta, dulce y acida, placentera y dolorosa… hubo amor, pasión, caricias, forcejeos, besos, mordiscos… y sangre… mucha sangre…
Y luego de que hubimos terminado, sentados de nuevo al borde de la bañera, ayudaba a pamela a vestirse, cuando una idea fugaz cruzó mi mente...

- ¿Sabes qué?, Algún día voy a escribir una historia de esto…
- ¿Ah si? –dijo divertida-, ¿Y cómo le pondrías, a ver?...
- “Orgía de drogas y sexo en la tina”… ¿Te parece?
- Naaaaaaa……. Que te parece… “Su primera vez, en mi bañera”…
- Puta madre pamela… ¡es perfecto!
- Ja, ja… ¡Para que veas!…

Dijo riéndose, y por cada segundo que transcurría, yo admiraba y me enamoraba más de esa chiquilla, que con el tiempo, llegaría a ser mi esposa.

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La noche de mi cumpleaños número veintitrés, apareció en el umbral de mi puerta mi primo Toño.
- Aquí te traje tu regalo –dijo en mi oído, a la vez que depositaba en mi mano un misterioso y pequeño paquetito-
- ¡Gracias loco!, tu siempre con los detalles –respondí excitado-
Guardé mi regalo en el bolsillo secreto de mi pantalón y enseguida me acerqué a saludar a Pamela, la chica con la que llevaba un par de semanas saliendo.
- ¡Pamela!... pero que sorpresa... –dándole un abrazo-
- Feliz día Marito… Yo te dije que hoy venia… Y ya ves –dijo sonriendo-
Al instante alguien puso una canción que me gustaba mucho, así que la jalé al medio de la sala para bailar…
- En serio que hoy estás particularmente bonita...
- Gracias… -sonrió tímida-
La verdad no esperaba que Pamela viniera a mi cumpleaños. Vivía muy lejos de mi casa y además sus padres (que eran evangélicos) no me pasaban. Mentiría si dijera que tenía un serio interés por ella, para nada, la conocí en la fiesta de una amiga y en honor a la verdad, salía con ella solamente por pasar el rato. Habíamos pasado juntos el último catorce de febrero, ese día Pamela llegó a mi casa con una tarjeta gigante que decía “Feliz día de San Valentín”, yo no le había comprado nada.

Cuando terminó la canción presenté a Pamela con unos amigos y me metí en el baño. No podía aguantar más. Habían pasado cerca de tres semanas desde la última vez y mi ansiedad era fuertísima, un poco de coca cayó de la llave al suelo debido al temblor de mis manos.
Seguí dando vueltas por entre mis grupos de amigos, todos me saludaban con afecto exagerado y me invitaban vasos de trago, yo era en efecto, el rey de la fiesta.
Seguí visitando el baño cada vez con mayor frecuencia, todos los que me conocían sabían para qué entraba pero no me decían nada, sabían que era mi santo y que no me tenían que pedir, para eso estaba mi primo Toño, quien estaba haciendo su agosto vendiéndole a los desconocidos: medio chamo por diez soles.
Siempre de vez en cuando, sacaba a bailar a Pamela, quien así, vestida y maquillada como estaba, no aparentaba para nada sus recién cumplidos diecisiete años (fecha en la que fui a su casa con unos amigos, y uno de ellos se orinó de borracho dentro del horno de su cocina). Muchos me preguntaban porque no estaba con ella, y la verdad, siempre fue difícil responder a esa pregunta. Lo único que quizás, me desalentaba en esa idea, era que Pamelita carecía de personalidad, o al menos, una personalidad que a mi me pareciera atractiva, o sea, era una chica demasiado normal para alguien como yo, que por esas épocas, vivía mi vida de una manera libre y desenfrenada. Sin embargo, a pesar de todas mis virtudes y defectos (muchos mas defectos, obviamente), Pamelita parecía estar muy prendada de mi, situación que yo siempre le atribuí a la poca libertad que sus padres le concedían. Pamelita veía en mi algo así como un “rebelde sin causa”, alguien que le hizo escuchar música distinta, fuerte, con hartas lisuras, alguien que la llevaba a pasear (haciendo uso de un bajísimo presupuesto) a un sinfín de lugares divertidos y pintorescos, alguien que le hablaba de sexo y drogas sin pudor, y le devastaba sin asco, todas las fabulas religiosas que sus padres y maestros le habían impuesto desde niña, en fin, alguien que ingresó a su aburrida y monocroma vida para ponerle un poco de color.
Un amigo, Daniel, cuadró una canción que a mi me hacia recordar mucho a una ex, “Hole in my soul” de Aerosmith, y como era una balada y toda balada era especial, no quedaba otra que bailar dicha canción con Pamela. Y así fue, me acerqué donde ella por detrás, y le tomé la mano…
- ¿Bailamos?
- Claro que si Marito…
Fue hacia la mitad de la canción que Pamela me lo preguntó…
- Oye Marito, ¿No te molesta si te digo algo?
- Claro que no, dale…
- Tú estás drogado ¿no?
- ¿Qué?... Pero… ¿Por qué piensas eso? –dije, tratando de controlar las muecas de mi boca-
- Porque me han dicho, y además porque no soy tonta, a cada rato entras al baño y sales haciendo muecas raras…
- Entonces si ya sabes, para que me preguntas –dije, un poco enojado por haber sido descubierto-
- Porque quiero que me invites –dijo ella, con una decisión que me hizo estremecer-

Continuará…

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