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jueves, 2 de julio de 2009

La Pituca y el Ugartino


Año 1992
Marito camina con su uniforme de colegio por las calles de San Isidro, en eso, a escasos metros, y también con uniforme de colegio, aparecen dos chiquillas rubias de su edad, una de ellas se le queda mirando… "Simpatiquito no?" le dice a su amiga, "Hmmm.. mas o menos, pero no es blanco pues" responde la otra…

Año 1999
Marito ha hecho un trato con la asistenta social de su universidad: Él asiste a estas "charlas de ayuda" y ella le baja la escala de pago.
Marito llega al local demasiado temprano, aun no hay nadie, entra, se sienta y se pone a leer un libro de Bayly.
Quince minutos después ingresa una chica y se sienta justo al frente de él.
Los dos se miran de arriba a abajo.

Marito tiene el pelo largo y negro, pesa 68 kilos y jala 3 de 4 cursos que lleva en la universidad,
Jazmín (que así se llama la chica) tiene el pelo largo y castaño, pesa 65 kilos y jala 4 de 4 cursos que lleva en la universidad…

Marito viste jeans rotos y un polo blanco de Hard Rock Lima,
Jazmín viste jeans rotos y un polo blanco del Colegio Sophianum…

Marito es cocainómano,
Jazmín es alcohólica...

Ambos asisten a unas terapias de rehabilitación privadas financiadas por el área de RR.HH. de su Universidad…

Año 2000
Marito y Jazmín están completamente rehabilitados y son los mejores amigos, pasean felices por las tiendas de Larco Mar, "Te quiero" le dice Marito, "Dame tiempo" le dice Jazmín, "¿Cuanto tiempo?" pregunta Marito, "No lo sé" responde Jazmín, "¿Pero más o menos cuanto pues?" vuelve a preguntar Marito, "No sé.. No me presiones" responde ella…

Año 2003
Marito y Jazmín se verán después de mucho tiempo.
Marito ya es ingeniero y trabaja en una importante compañía transnacional.
Jazmín ya es abogada y trabaja en el área legal del banco número 1 del país.
Marito lleva el pelo corto, viste zapatos negros, terno gris, camisa celeste y corbata naranja.
Jazmín lleva el pelo corto y teñido de rubio, viste botas marrones, sastre beige y cafarena verde.
Se abrazan felices.
Se sientan en el comedor de un restaurante bonito.
Conversan.

A la salida del restaurante él se ofrece a acompañarla hasta su trabajo, ella acepta gustosa. Los dos caminan matándose de risa. Han vuelto a ser los mejores amigos.

A escasos metros de ellos se erige imponente un colegio estatal de paredes rojas y amarillas. Es la hora de salida y un montón de escolares empiezan a salir en tropel. Un grupo como de diez chiquillos pasan por su lado y varios de ellos se le quedan mirando a Jazmín, "Que rica gringa" se le escucha decir a uno…

"Nunca he entendido que hace este colegio de cholos aquí en pleno San Isidro, deberían tumbarlo carajo..." dice Jazmín, mirando con odio la puerta del local…

"En este colegio estudié yo" responde muy serio Marito…

"¡No me jodas!"
"¡En serio!"

( silencio incómodo )

"jajaja!!", ríe de pronto Marito
"¿De que te riés?", pregunta intrigada Jazmín
"Que definitivamente... lo de nosotros nunca hubiera funcionado..."

Fin.

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lunes, 27 de abril de 2009

Pactos peligrosos

Pamela y Mario ya se tomaron 4 jarras de cerveza y están un poco ebrios. Están sentados frente a frente en un pub de música grunge, ubicado en pleno malecón, en una hermosa provincia al norte del Perú, a su lado hay una ventana desde donde se puede divisar a un pobre flete cagándose de frío en la calle, "Pobrecito, es jovencito y bien simpático", dice Pamela.
Mario se siente bien, el lugar que le recomendó un buen amigo está bacán, ponen buena música y hay bonito ambiente, frente a ellos hay una mesa donde hay 3 flacas y 2 patas, una de ellas (la que parece ser la menor de todas) lo mira de vez en cuando.
Mario se para y se va al baño, orina, se lava las manos, se moja la cara y el cabello, se mira al espejo, está un poco borracho, se siente 'papi' porque una flaca que no es su novia lo miró. Regresa a la mesa, mira a Pamela, "Solo a ti se te ocurre venir así vestida a un lugar de estos" le dice sonriendo. Pamela no le hace caso, saca un cigarro de la cajetilla y le pide a Mario que lo encienda, él lo hace, ella aspira un poco de humo y luego lo bota formando una línea perfecta, luego responde "Porque yo soy una reina huevón y asi me guste esta musica yo no me visto como una loca". Mario se ríe, Pamela también, él sirve otros dos vasos con cerveza.

- Siempre he querido probar éxtasis –dice Mario de pronto-

- No empieces con tus huevadas –dice Pamela mirándole el poto a un barbón tatuado que acaba de pasar por su lado-
- En serio, es lo único que no he probado y me da curiosidad, además sería bajo tu supervisión, tú estarías conmigo cuando lo hiciera…
- ¿Y si te pasa algo?, ¿y si te da un paro cardiaco o algo así?
- No lo creo, si quieres pruebo con media pastillita nomás para ver qué tal, y si quieres, te doy la otra mitad a ti –Mario le guiña el ojo a Pamela-
- Yo lo que quiero es coca –dice Pamela muy seria-
- No, coca no Pamelita…
- ¿Porqué no?
- Esa huevada al otro día te hace sentir fatal, recontra deprimido, coca ni cagando, tu ya sabes como es esa huevada…
- Bueno, entonces éxtasis, está bien, pero aquí no, hagamos un trato

A Mario le encantan los tratos con Pamela, ella siempre tiene una idea inteligente y novedosa para hacer las cosas, algo que le da mucho valor agregado a la situación…

- ¿Qué clase de trato? –pregunta Mario riéndose, acomodando el mechón lacio que le cae a Pamela sobre el ojo derecho-
- Si probamos éxtasis tiene que ser en un lugar especial, muy lejos de aquí, solo lo haremos una vez y todo lo que hagamos allá se deberá quedar allá, la experiencia completa… ¿me entiendes?
- Suena chévere, ¿y donde sería ese lugar?
- ¿Qué te parece Cusco? –dice sonriendo-, en la mejor discoteca de Cusco, bailando música electrónica, rodeados de gente de todo el mundo
- Me parece excelente, ¿o sea en Cusco Pamelita? –dice Mario-
- Así es, ¡en Cusco Marito!, dice Pamela riéndose, haciendo chocar su vaso contra el de Mario...

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Este domingo que pasó la vi luego de mucho tiempo, estaba sentada en un puesto del mercado esperando por un jugo… y nada, me acordé de esta historia, que en su momento dejé inconclusa y decidí acabarla…


La música estaba aburrida así que Manolo decidió cambiarla…

- ¿Donde está tu equipo profe? –le preguntó -
- Allá en el cuarto
- ¿Puedo?
- Claro, claro, dale… -le dijo el profe, haciéndole señal de “avance” con la mano-

El cuarto del profe estaba chévere, era moderno y muy ordenado, “Típico cuarto de solterón que trabaja y se da sus gustos” –pensó Manolo-, allí encima de la cómoda estaban el equipo de música y la colección de cds, así que Manolo comenzó a buscar algo que le gustara, pero no encontró nada, así que decidió sintonizar alguna emisora de radio donde pusieran algo de música alterna, en esas andaba cuando escuchó que la puerta detrás suyo se cerraba, “Qué fue Manolin, ¿porqué te demoras tanto?”, era el profe quien caminaba sonriente hacia él, “Si, si, ya justo iba para allá”, le contestó rápidamente el muchacho, tratando de conservar la actitud relajada que siempre mostraba, fué entonces que el profe intentó besarlo, “Uy qué pasó tío, ¿ya no te puedes controlar?”, dijo Manolo haciéndose a un lado, tratando de acercarse a la puerta, “No, ya no me puedo controlar Manolo, quiero tocarte, quiero que me beses”, dijo el profe, acercándosele otra vez…
Manolo sintió muchas cosas dentro suyo, sintió cólera y sintió asco, y sintió mucho miedo también, pero aun así sintiendo todo eso, sabía que no debía portarse mal con ese tipo, así que logró controlarse, “Aguántame un toque pues tío, aun no me ‘tuneo’ bien, te prometo que dentro un toque ¿ya?…”, pudo decir calmado, y con un rápido movimiento de manos logró abrir la perilla de la puerta y escapar de ese cuarto…

- ¿Qué pasó loco? ¿Te viniste rápido o qué?, le preguntó Oscar con la boca chueca

Manolo lo miró con cólera, pero no le dijo nada, desvió su mirada hacia donde estaban los amigos del profe pero solo encontró a uno, “¿Oe y el otro huevón?”, le preguntó al oído a su amigo, “¿El cabro gordo?, ese ya se quitó a su jato hace rato, aburrido porque tu no ponías música…”, y al instante agregó, “Y mejor huevón porque ahora si somos dos contra dos”.
Más que a cualquier cosa en esa casa, Manolo en ese momento, le tenía miedo a Oscar, pero aun así decidió responderle, “¿Dos contra dos?, tú tas bien huevón, no pasa nada”, le dijo nuevamente al oído para que el otro tipo no se diera cuenta, “Si… dos contra dos conchatumare, porque hoy día tu le entras si o si huevón…”, y entonces Oscar lo agarró a Manolo de los testículos muy fuerte, “¿Ok?”, dijo mirándolo furioso a los ojos, mientras Manolo sentía un profundo dolor allí debajo, “Si, si… ok ok” respondió, y Oscar lo soltó al fin, el tipo achinado (sentado no muy lejos de ellos) no dijo nada, solo los contempló por un rato divertido y luego se paró diciendo que iba a buscar al profe, Manolo sintió que el momento estaba cerca…

- Te regalo mi cd de nirvana -dijo de pronto -
- ¿Qué hablas huevón? -dijo Oscar-
- Te regalo mi cd de nirvana… si tú pagas la cuenta
- No me jodas huevón ah, ya te dije, ya te diiiije…
- Es que no quiero pes huevón, no puedo
- ¿Cómo que no puedes huevón?, ¿qué?, ¿no se te para o que chucha?
- No puedo pues huevón, esa huevada es tu nota, no la mía, ya pes Oscar, te doy mi cd de nirvana y tu pagas la cuenta

Oscar miró a los ojos de Manolo, su rostro lucía totalmente desencajado, destruido, Manolo nunca lo había visto tan pasado…

- Tu cd de nirvana y tu cd de pearl jam conchatumare
- Hecho loco, hecho…

Entonces Oscar se puso de pie, caminó hasta el cuarto de el profe, se paró en el umbral de la puerta y antes de que se escuche cerrarla gritó con voz aguardientosa “CHICAS, YA VINE…”

--- o ---

Afuera el cielo estaba de color turquesa… y mientras Manolo caminaba hacia su casa a pasos veloces, pensaba en la escena que minutos antes, escondido detrás del vidrio de una ventana, acababa de ver: su amigo de toda la vida moviéndose como un animal loco detrás de dos hombres que le llevaban (fácil) más de diez años, “Esa es tu nota, no la mía”, se escuchó decir de pronto… entonces se acordó de la minifalda negra de la Renata y pensó que no… que aquello no era del todo cierto…


Fin del Post.

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viernes, 20 de febrero de 2009

La Fiesta


Así que es mi fiesta y allí estoy yo, bailando alegremente en medio de una ronda conformada por las cinco enamoradas que tuve en la vida, allí están A, D, M, C y K, todas con sus vestiditos blancos y su girasol en la cabeza, todas bailando y haciendo barrita a mi alrededor, todas lindas y sonrientes, mientras yo el agasajado muevo mis hombritos al compás de “el murguero”, luego cuando la canción se acaba, me dirijo presuroso hacia el otro extremo de la sala, donde están los mejores amigos que he tenido en la vida, a quienes abrazo fuertemente uno por uno, y me tomo un enorme vaso de cerveza al polo con ellos, luego todos salimos a bailar, porque pusieron “killing in the name of” y esa no se la pierde nadie, y yo la saco a mi K al medio, y me pongo a saltar al ritmo de la música, y mi K me mira y me dice “eres un loquito amor, nunca vas a cambiar…”, y yo la miro, le agarro sus dos cachetitos y la beso, y ella también se pone a saltar como una loquita, y yo me río y ella se ríe y todos se ríen y todos saltan, y cuando la canción se acaba me voy al baño, y allí está mi primo T, que me abraza y me mete al bolsillo el regalo de siempre, y yo abro el papelito fucsia y aspiro un poco de polvo, porque es mi fiesta carajo y estoy contento, y luego salgo de nuevo y ya llegó la banda invitada, y al toque nomás se comienzan a tocar un remix de las mejores canciones que he escuchado en mi vida, y todos mis amigos bailan y se toman fotos y son felices, luego todo se vuelve silencio, porque mi familia entera acaba de su subir al improvisado estrado y mi mamá me dice que suba y yo lo hago, y veo a mi mamá y mi papá que se abrazan tiernamente, como nunca los he visto abrazarse, y luego me dicen que me tienen una gran sorpresa, y yo miro detrás de ellos, y allí ocupando el lugar de la banda, están mis sobrinos A, D y M, todos ya jóvenes, A y D tocan la guitarra, y M está en la batería, y yo me río y les grito en broma ¡bajense de allí carajo!, y luego todos se callan porque en eso sube al escenario una jovencita preciosa de largos cabellos lacios y enormes ojos negros, me doy cuenta que es mi Camila que ya creció y me mira un poco avergonzadita mientras coge el micrófono, y luego mis sobrinos se ponen a tocar todos locos los acordes de una canción que me encanta y mi sirenita comienza con el “donde estabas entonces…”, y yo siento que no soporto más, y me pongo a llorar como un niño y corro hacia ella y la baño en besos y le digo que ni en mi sueño más lindo soñé tener una hijita tan hermosa como ella ...... y .... cuando abrí los ojos ...... seguía atrapado entre los fierros de mi auto destrozado, la sirena de la ambulancia sonaba y sonaba, y mis piernas y mi pecho estaban bañados en sangre … … "no se duerma de nuevo señor, ¡no se duerma!" decía un bombero nervioso palmeándome la cara, pero yo ya no quiero estar allí, ya no quiero escucharlo más, lo único que quiero ..... ... es regresar a la fiesta..........

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miércoles, 10 de septiembre de 2008

La extraña historia de Juan Vargas

“Mi nombre es Juan Vargas, tengo 29 años… soy alcohólico, y un poco cocainómano…”

Era un viernes como cualquier otro y me encuentro ya, sumamente borracho, estoy tomando licor con unos sujetos que apenas conozco en uno de los bares más antiguos de ese Surquillo que ya fallece. Tengo en el bolsillo interior de mi casaca un sobre con tres mil soles, el cual está destinado a pagar deudas que contraje, casi si darme cuenta, en un sinfín de negocios turbios.
Son las doce de la noche y mi cerebro me suplica un par de ñatazos urgentes antes de colapsar del todo, así que le pido a “Kanko” (un negro enorme a quien recién he conocido) que me acompañe un toque al jirón Junín para comprar un par de chamos, él por supuesto, accede inmediatamente.
Camino zigzagueante aquellas calles peligrosas, corre mucho viento y una ligera llovizna nubla un poco mi visión, gracias a la ayuda de mi nuevo amigo logro sortear la avenida angamos sin matarme con alguno de los automoviles que nos cruzan velozmente, camino algunos metros más y me detengo en la puerta de un callejón miserable, donde un par de ojos fieros me miran semiocultos por una capucha de los lakers.

- Dame un par de chamos por favor…

El sujeto me mira de pie a cabeza, y luego mira a kanko, lo conoce, se saludan, nos indica que le demos el dinero y que lo esperemos allí algunos minutos. Le doy el dinero, el tipo parte, y yo y kanko nos quedamos en la puerta del callejón esperando, es el tramite de siempre, me encuentro tranquilo.

Me dan muchas ganas de orinar, tengo un problema con la vejiga desde que tengo dieciocho años, se lo digo a kanko y él me dice que al final del callejón hay un baño, volteo a mirar y veo que al fondo de ese zanjón oscuro hay una puerta semiabierta…

- Espérame ya?, ya vengo…

Con las manos en los bolsillos, camino a través del callejón, y luego de algunos segundos logro ingresar en aquel oscuro baño, mucha gente de mal vivir habita en ese sitio, lo sé, pero estoy demasiado borracho para que eso me preocupe. Apoyo una mano en la pared y con la otra abro el cierre de mi bragueta, intento divisar en la penumbra el lugar del inodoro, pero estoy muy borracho, y todo empieza a darme vueltas, trato por todos los medios de sujetarme de algún lado con la otra mano, pero el veloz movimiento hace que tropiece con un muro invisible, no consigo mantener el equilibrio y caigo brutalmente de espaldas en lo que debía ser la ducha, el golpe que recibo en la cabeza, hace que pierda totalmente el conocimiento.

--- o ---

“Flaco, ¿qué te pasó?…”

No se cuanto tiempo ha transcurrido y no logro identificar la voz de la persona que me habla, todo sigue muy oscuro en ese muladar. El tipo hace que lo abrace con una mano, y con la otra sujeta fuertemente mi cintura, con ayuda de él logro ponerme de pie y salir caminando del callejón.

Allá afuera las cosas han cambiado, no está kanko, ni el muchacho que se suponía debía traerme la droga, “Me han robado”, pienso, y lo certifico cuando toco el bolsillo de mi casaca y no hay nada, quiero llorar pero no puedo, aun me encuentro en peligro y no puedo darme el lujo de mostrarme vulnerable frente a este desconocido…
En eso una puerta al interior del callejón se abre, y una mujer de unos treinta años de edad le grita al sujeto que me ayuda

- Carajo, Pacho, ¡ya pasa!...

Pero el tipo no le hace caso, emite un gruñido indescifrable y sigue caminando junto a mí, “Ya se despertó esta cojuda” dice sonriente, y acelera un poco el paso, la lluvia se ha detenido.
Cruzamos nuevamente la avenida angamos, que ahora luce extrañamente desierta, sin automóviles. Debido al alcohol y al fuerte golpe en la cabeza aun sigo medio grogui y me cuesta emitir palabra alguna, el tipo no me habla nada y así caminamos otras ocho cuadras, “Este sujeto parece conocer mi casa”, pienso.

Dos cuadras antes de llegar a mi cuadra, en una esquina, está parado un sujeto de cabello largo ensortijado y rostro familiar, intento recordar donde lo he visto antes pero no lo consigo, cuando pasamos por su lado saluda a mi acompañante con un leve movimiento de ojos, “Pacho…”, le dice, y a continuación escucho algo que me deja perplejo, él dice “Juan…”….

--- o ---

Me detengo en seco y volteo bruscamente a mirar el sujeto de cabello largo, pero este ha desaparecido, “Ya se metió a su casa huevón”, me dice Pacho, y yo lo miro consternado de que me haya hablado de esa forma…

- ¡Que chucha tienes huevón!

Exploto y me zafo, retrocedo un par de pasos y me cuadro en posición de pelea, Pacho me mira, se ríe, y me dice “Ya carajo, Juan, tranquilo, déjame llevarte a tu casa de una buena vez…”, ahora si me encuentro asustado…

- Tú… ¿me conoces?
- ¿Uh?... ¿qué hablas huevón?... carajo, ¿para eso tomas?, siempre pasa lo mismo Juan, cuando tomas no me reconoces y me armas la bronca por las huevas…

Yo me quedo callado y lo miro, hay algo en él que me perturba demasiado…

- ¿Quién es ese pata que nos saludó?
- Ah… ¿ese?, tu sabes pues quien es ese… -dice con sorna, burlándose de mi-
- ¿Por qué me dices eso?
- Ese maricón es tu causa pues… tu “amiguita”, la Oscar…
- ¿La Oscar? –pregunto sin saber de qué me habla-
- ¡Ya cojudo camina!, -dice metiéndome un lapo en la espalda- Ya me hartaste huevón, ni más te llevo a tu casa, acuerdate… debí dejarte que durmieras en el baño… oliendo la pichi…

Pacho sigue caminando rumbo a mi casa y me ordena seguirlo, yo le hago caso, estoy confundido, intrigado, asustado, “¿Quién es este huevón?” pienso, “¿Por qué me habla así, con tanta familiaridad?”, “¿Tan borracho estoy, qué no reconozco a mis propios amigos?”, no puede ser… todo esto es muy extraño…

Cuando llegamos a la esquina de mi casa sentí que todo el cuerpo me temblaba, aquella era mi calle, si, jirón san diego cuadra seis, pero algo había allí que no era normal, la pista no tenía huecos, las casas no se veían igual, estaban, como que más… nuevas… y por más que esforzaba mi vista, no lograba divisar ni un solo árbol en la vereda, “Puta madre que ha pasado…” dije sujetando mi cabeza, cerré y abrí mis ojos muchas veces, pensando que aquello era una visión producto de la borrachera, desde su sitio Pacho me miraba con gesto curioso.

--- o ---

Pacho tocó la puerta de mi casa, o al menos, la que parecía serlo, y cuando luego de muchos golpes la puerta se abrió, el rostro que vi aparecer en el umbral me dejó helado.
Aquella mujer… era idéntica a mi madre muerta hace un año, solo que con muchos... muchísimos... años menos…


Continuará…..


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- Estas bromeando… ¿No?...
- No, es en serio Marito. Invítame pues… -repitió, con una sonrisita rara que indicaba que el trago ya le había chocado-
- Estas mareada Pamelita, mejor te acompaño a que tomes un taxi ¿Ya?...
- No, no quiero irme a mi casa… está bonita la fiesta… y si estoy un poquito mareada, pero mejor pues, tu no me has dicho que con “eso” te pasa…

Era la primera vez que una chica me pedía que le invite… no… eso no es cierto y lo aclaro: era la primera vez que una chica, que nunca antes había probado, me pedía que sea yo, quien le rompiera la ñata (como vulgarmente se le llamaba a la primera vez que jalabas coca). Y bueno, como el trago y la coca, aun no terminaban de derribar la totalidad de mis valores morales, le dije que no…

- No Pamelita… no me hagas esto, yo sería incapaz de hacerte probar esa mierda, yo sería incapaz de hacerte algo así…
- Pero tú no me estás obligando… soy yo, la que te lo estoy pidiendo –dijo despacito, acercando su rostro hacia mí. Era la primera vez que realmente me sentía atraído por ella-
- Aun así, no… -dije acariciándole el cabello-

Cuando terminó la canción llevé a Pamela donde mi grupo de amigos más íntimos, y con ellos seguimos bebiendo, bailando y haciendo bromas. No se en que momento pasó, pero de un momento a otro empecé a ver a Pamela con otros ojos, ya no era la chibola aburrida y sin personalidad con la que salía para olvidar los desplantes de Evita (esa china maldita que me traía loco desde hace tiempo). Ahora, desde mi sitio, mientras saboreaba un vaso de trago corto color naranja, la veía moverse con gracia al lado de mi amigo dante, agitando su cabello corto y lacio al compás de una música electrónica, ambos parecían estarse divirtiendo mucho, y a mi eso me puso contento, ver como mis amigos disfrutaban de mi fiesta me hacia feliz, así que, para disfrutar aun mas de ese momento, entré de nuevo al baño para aplicarme mas coca, cerré la puerta con seguro, y enseguida, bailando, al ritmo de la música, saqué de mi bolsillo el paquetito de papel transparente que abrí con mucho cuidado, y haciendo uso de mi oxidada llave, me metí cuatro jalones bien dados, dos por cada fosa nasal, luego me mojé la cara, el cabello, y salí de nuevo hacia la sala. Cuando llegué al sitio de mis amigos, pude notar que pamela ni dante estaban…

- ¿Donde está dante? –le pregunté al mox, otro de mis grandes amigos-
- Salió un rato con pamela tío, creo que se fueron a comprar cig…

Ni siquiera dejé que mox terminara la frase, al instante bajé como pude las escaleras, salí a la calle y comencé a correr hacia el parque que quedaba a la vuelta de mi casa, desde las bancas mas oscuras, desde detrás de los árboles, oculta, gente en tinieblas me pasaba la voz “habla marito”, “acá tengo marito”, pero yo no les hacia caso, porque a lo lejos había divisado las sombras de pamela y dante, que se acercaban la una a la otra… “¡Dante!”, grité lo más fuerte que pude, y vi como ambos, un poco avergonzados, se separaban y se acercaban hacia mi, “¿Qué pasó tío?... ¿Ahora asustas en los parques?…” –dijo dante, queriendo bromear conmigo- … “Sabes que webon, de ahí hablo contigo ya, déjame un rato a solas con pamela…” –dije sin mirarlo, si poder ocultar mi enojo-, “Ok tio, es tu Cumple…” –dijo dante, y se fue-

- Puta mare… ¿Qué se supone que ibas a hacer pamela?
- Nada…
- ¡Como qué nada!, si no llego a buscarte, ya estuvieras agarrando con dante…
- ¿¡¡¡¡YYYYYYY!!!!? –gritó pamela, sorprendiéndome, haciéndome sentir en plena cara su aliento levemente alcoholizado-
- ¡Cómo que ¿Y?!
- Si pues, ¿¡¡YYYYY!!?... sabes qué mario, así tú lo pienses, yo no soy ninguna cojuda, ya me cansé de ser yo la que le pone más a… “esto”… que ni siquiera se que cosa es…
- ………..
- Yo… para ti… soy solo la chibola webona, que te escucha tus wadas, que lee las cojudeces que escribes… ¿Sabes qué?... ¡Ya me cansé!... ¡Ándate a la mierda!

Y así, luego de todo lo que me dijo, luego de cagarme toditito, dio media vuelta y se puso a caminar furiosa hacia mi casa, mientras yo, en mi sitio, me había quedado sin palabras, pensando, que en esa escena “tarantinezca”, definitivamente la que se había llevado las palmas había sido ella… Y por primera vez la admiré… Y creo que la amé… y corrí hasta darle el alcance, y la cogí fuerte del brazo, aun podía salvar aquello …

- ¿Aun quieres que te invite coca?
- Si

**********

Muy despacio, abrí la puerta del primer piso de mi casa, mis padres probablemente estarían durmiendo, en realidad, ya estaban acostumbrados al ruido y a las fiestas locas que organizaba su hijo en el segundo piso cada cierto tiempo. Sin encender las luces, hice entrar a pamela al baño, y allí, alumbrados apenas por un encendedor, sentados ambos al borde de la bañera, hice que pamela inhalara varias veces coca, y luego de ello, excitados por la droga, la oscuridad, y la sensación de que en cualquier momento mis padres podían despertar y encontrarnos, comenzamos a besarnos y a sacarnos la ropa como locos, y así, al ritmo de “Don’t look back in anger”, que sonaba fuertísimo allá arriba, caímos los dos dentro de la bañera y nos amamos de una forma que podría describir como tierna y violenta, dulce y acida, placentera y dolorosa… hubo amor, pasión, caricias, forcejeos, besos, mordiscos… y sangre… mucha sangre…
Y luego de que hubimos terminado, sentados de nuevo al borde de la bañera, ayudaba a pamela a vestirse, cuando una idea fugaz cruzó mi mente...

- ¿Sabes qué?, Algún día voy a escribir una historia de esto…
- ¿Ah si? –dijo divertida-, ¿Y cómo le pondrías, a ver?...
- “Orgía de drogas y sexo en la tina”… ¿Te parece?
- Naaaaaaa……. Que te parece… “Su primera vez, en mi bañera”…
- Puta madre pamela… ¡es perfecto!
- Ja, ja… ¡Para que veas!…

Dijo riéndose, y por cada segundo que transcurría, yo admiraba y me enamoraba más de esa chiquilla, que con el tiempo, llegaría a ser mi esposa.

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La noche de mi cumpleaños número veintitrés, apareció en el umbral de mi puerta mi primo Toño.
- Aquí te traje tu regalo –dijo en mi oído, a la vez que depositaba en mi mano un misterioso y pequeño paquetito-
- ¡Gracias loco!, tu siempre con los detalles –respondí excitado-
Guardé mi regalo en el bolsillo secreto de mi pantalón y enseguida me acerqué a saludar a Pamela, la chica con la que llevaba un par de semanas saliendo.
- ¡Pamela!... pero que sorpresa... –dándole un abrazo-
- Feliz día Marito… Yo te dije que hoy venia… Y ya ves –dijo sonriendo-
Al instante alguien puso una canción que me gustaba mucho, así que la jalé al medio de la sala para bailar…
- En serio que hoy estás particularmente bonita...
- Gracias… -sonrió tímida-
La verdad no esperaba que Pamela viniera a mi cumpleaños. Vivía muy lejos de mi casa y además sus padres (que eran evangélicos) no me pasaban. Mentiría si dijera que tenía un serio interés por ella, para nada, la conocí en la fiesta de una amiga y en honor a la verdad, salía con ella solamente por pasar el rato. Habíamos pasado juntos el último catorce de febrero, ese día Pamela llegó a mi casa con una tarjeta gigante que decía “Feliz día de San Valentín”, yo no le había comprado nada.

Cuando terminó la canción presenté a Pamela con unos amigos y me metí en el baño. No podía aguantar más. Habían pasado cerca de tres semanas desde la última vez y mi ansiedad era fuertísima, un poco de coca cayó de la llave al suelo debido al temblor de mis manos.
Seguí dando vueltas por entre mis grupos de amigos, todos me saludaban con afecto exagerado y me invitaban vasos de trago, yo era en efecto, el rey de la fiesta.
Seguí visitando el baño cada vez con mayor frecuencia, todos los que me conocían sabían para qué entraba pero no me decían nada, sabían que era mi santo y que no me tenían que pedir, para eso estaba mi primo Toño, quien estaba haciendo su agosto vendiéndole a los desconocidos: medio chamo por diez soles.
Siempre de vez en cuando, sacaba a bailar a Pamela, quien así, vestida y maquillada como estaba, no aparentaba para nada sus recién cumplidos diecisiete años (fecha en la que fui a su casa con unos amigos, y uno de ellos se orinó de borracho dentro del horno de su cocina). Muchos me preguntaban porque no estaba con ella, y la verdad, siempre fue difícil responder a esa pregunta. Lo único que quizás, me desalentaba en esa idea, era que Pamelita carecía de personalidad, o al menos, una personalidad que a mi me pareciera atractiva, o sea, era una chica demasiado normal para alguien como yo, que por esas épocas, vivía mi vida de una manera libre y desenfrenada. Sin embargo, a pesar de todas mis virtudes y defectos (muchos mas defectos, obviamente), Pamelita parecía estar muy prendada de mi, situación que yo siempre le atribuí a la poca libertad que sus padres le concedían. Pamelita veía en mi algo así como un “rebelde sin causa”, alguien que le hizo escuchar música distinta, fuerte, con hartas lisuras, alguien que la llevaba a pasear (haciendo uso de un bajísimo presupuesto) a un sinfín de lugares divertidos y pintorescos, alguien que le hablaba de sexo y drogas sin pudor, y le devastaba sin asco, todas las fabulas religiosas que sus padres y maestros le habían impuesto desde niña, en fin, alguien que ingresó a su aburrida y monocroma vida para ponerle un poco de color.
Un amigo, Daniel, cuadró una canción que a mi me hacia recordar mucho a una ex, “Hole in my soul” de Aerosmith, y como era una balada y toda balada era especial, no quedaba otra que bailar dicha canción con Pamela. Y así fue, me acerqué donde ella por detrás, y le tomé la mano…
- ¿Bailamos?
- Claro que si Marito…
Fue hacia la mitad de la canción que Pamela me lo preguntó…
- Oye Marito, ¿No te molesta si te digo algo?
- Claro que no, dale…
- Tú estás drogado ¿no?
- ¿Qué?... Pero… ¿Por qué piensas eso? –dije, tratando de controlar las muecas de mi boca-
- Porque me han dicho, y además porque no soy tonta, a cada rato entras al baño y sales haciendo muecas raras…
- Entonces si ya sabes, para que me preguntas –dije, un poco enojado por haber sido descubierto-
- Porque quiero que me invites –dijo ella, con una decisión que me hizo estremecer-

Continuará…

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