“Mi nombre es Juan Vargas, tengo 29 años… soy alcohólico, y un poco cocainómano…”
Era un viernes como cualquier otro y me encuentro ya, sumamente borracho, estoy tomando licor con unos sujetos que apenas conozco en uno de los bares más antiguos de ese Surquillo que ya fallece. Tengo en el bolsillo interior de mi casaca un sobre con tres mil soles, el cual está destinado a pagar deudas que contraje, casi si darme cuenta, en un sinfín de negocios turbios.
Son las doce de la noche y mi cerebro me suplica un par de ñatazos urgentes antes de colapsar del todo, así que le pido a “Kanko” (un negro enorme a quien recién he conocido) que me acompañe un toque al jirón Junín para comprar un par de chamos, él por supuesto, accede inmediatamente.
Camino zigzagueante aquellas calles peligrosas, corre mucho viento y una ligera llovizna nubla un poco mi visión, gracias a la ayuda de mi nuevo amigo logro sortear la avenida angamos sin matarme con alguno de los automoviles que nos cruzan velozmente, camino algunos metros más y me detengo en la puerta de un callejón miserable, donde un par de ojos fieros me miran semiocultos por una capucha de los lakers.
- Dame un par de chamos por favor…
El sujeto me mira de pie a cabeza, y luego mira a kanko, lo conoce, se saludan, nos indica que le demos el dinero y que lo esperemos allí algunos minutos. Le doy el dinero, el tipo parte, y yo y kanko nos quedamos en la puerta del callejón esperando, es el tramite de siempre, me encuentro tranquilo.
Me dan muchas ganas de orinar, tengo un problema con la vejiga desde que tengo dieciocho años, se lo digo a kanko y él me dice que al final del callejón hay un baño, volteo a mirar y veo que al fondo de ese zanjón oscuro hay una puerta semiabierta…
- Espérame ya?, ya vengo…
Con las manos en los bolsillos, camino a través del callejón, y luego de algunos segundos logro ingresar en aquel oscuro baño, mucha gente de mal vivir habita en ese sitio, lo sé, pero estoy demasiado borracho para que eso me preocupe. Apoyo una mano en la pared y con la otra abro el cierre de mi bragueta, intento divisar en la penumbra el lugar del inodoro, pero estoy muy borracho, y todo empieza a darme vueltas, trato por todos los medios de sujetarme de algún lado con la otra mano, pero el veloz movimiento hace que tropiece con un muro invisible, no consigo mantener el equilibrio y caigo brutalmente de espaldas en lo que debía ser la ducha, el golpe que recibo en la cabeza, hace que pierda totalmente el conocimiento.
--- o ---
“Flaco, ¿qué te pasó?…”
No se cuanto tiempo ha transcurrido y no logro identificar la voz de la persona que me habla, todo sigue muy oscuro en ese muladar. El tipo hace que lo abrace con una mano, y con la otra sujeta fuertemente mi cintura, con ayuda de él logro ponerme de pie y salir caminando del callejón.
Allá afuera las cosas han cambiado, no está kanko, ni el muchacho que se suponía debía traerme la droga, “Me han robado”, pienso, y lo certifico cuando toco el bolsillo de mi casaca y no hay nada, quiero llorar pero no puedo, aun me encuentro en peligro y no puedo darme el lujo de mostrarme vulnerable frente a este desconocido…
En eso una puerta al interior del callejón se abre, y una mujer de unos treinta años de edad le grita al sujeto que me ayuda
- Carajo, Pacho, ¡ya pasa!...
Pero el tipo no le hace caso, emite un gruñido indescifrable y sigue caminando junto a mí, “Ya se despertó esta cojuda” dice sonriente, y acelera un poco el paso, la lluvia se ha detenido.
Cruzamos nuevamente la avenida angamos, que ahora luce extrañamente desierta, sin automóviles. Debido al alcohol y al fuerte golpe en la cabeza aun sigo medio grogui y me cuesta emitir palabra alguna, el tipo no me habla nada y así caminamos otras ocho cuadras, “Este sujeto parece conocer mi casa”, pienso.
Dos cuadras antes de llegar a mi cuadra, en una esquina, está parado un sujeto de cabello largo ensortijado y rostro familiar, intento recordar donde lo he visto antes pero no lo consigo, cuando pasamos por su lado saluda a mi acompañante con un leve movimiento de ojos, “Pacho…”, le dice, y a continuación escucho algo que me deja perplejo, él dice “Juan…”….
--- o ---
Me detengo en seco y volteo bruscamente a mirar el sujeto de cabello largo, pero este ha desaparecido, “Ya se metió a su casa huevón”, me dice Pacho, y yo lo miro consternado de que me haya hablado de esa forma…
- ¡Que chucha tienes huevón!
Exploto y me zafo, retrocedo un par de pasos y me cuadro en posición de pelea, Pacho me mira, se ríe, y me dice “Ya carajo, Juan, tranquilo, déjame llevarte a tu casa de una buena vez…”, ahora si me encuentro asustado…
- Tú… ¿me conoces?
- ¿Uh?... ¿qué hablas huevón?... carajo, ¿para eso tomas?, siempre pasa lo mismo Juan, cuando tomas no me reconoces y me armas la bronca por las huevas…
Yo me quedo callado y lo miro, hay algo en él que me perturba demasiado…
- ¿Quién es ese pata que nos saludó?
- Ah… ¿ese?, tu sabes pues quien es ese… -dice con sorna, burlándose de mi-
- ¿Por qué me dices eso?
- Ese maricón es tu causa pues… tu “amiguita”, la Oscar…
- ¿La Oscar? –pregunto sin saber de qué me habla-
- ¡Ya cojudo camina!, -dice metiéndome un lapo en la espalda- Ya me hartaste huevón, ni más te llevo a tu casa, acuerdate… debí dejarte que durmieras en el baño… oliendo la pichi…
Pacho sigue caminando rumbo a mi casa y me ordena seguirlo, yo le hago caso, estoy confundido, intrigado, asustado, “¿Quién es este huevón?” pienso, “¿Por qué me habla así, con tanta familiaridad?”, “¿Tan borracho estoy, qué no reconozco a mis propios amigos?”, no puede ser… todo esto es muy extraño…
Cuando llegamos a la esquina de mi casa sentí que todo el cuerpo me temblaba, aquella era mi calle, si, jirón san diego cuadra seis, pero algo había allí que no era normal, la pista no tenía huecos, las casas no se veían igual, estaban, como que más… nuevas… y por más que esforzaba mi vista, no lograba divisar ni un solo árbol en la vereda, “Puta madre que ha pasado…” dije sujetando mi cabeza, cerré y abrí mis ojos muchas veces, pensando que aquello era una visión producto de la borrachera, desde su sitio Pacho me miraba con gesto curioso.
--- o ---
Pacho tocó la puerta de mi casa, o al menos, la que parecía serlo, y cuando luego de muchos golpes la puerta se abrió, el rostro que vi aparecer en el umbral me dejó helado.
Aquella mujer… era idéntica a mi madre muerta hace un año, solo que con muchos... muchísimos... años menos…
Continuará…..
Este es el tercer post que saco de este blog contra mi voluntad. Tal vez aquellos que me lo piden tengan razón, y yo tenga que entender que no todas las personas son como yo, y que no a todos les gusta ver exorcizados sus peores demonios a través de un post. A la gente le gusta, le divierte, cuando escribes cosas de ellos que los hacen quedar bien, pero cuando escribes cosas que los muestran desde otro “ángulo”, se resienten contigo y te piden que lo saques, cuando quizás son ellos los que deberían sacar todo eso de adentro de ellos mismos. Dejo el dibujo de Rest, porque está demasiado chévere como para ser borrado, y como moraleja me llevo que la gente que uno cree más open mind termina siendo siempre la más cuadrada…
Esto, a pesar que por un fugaz instante me llenó de un sano orgullo, también me dio harta pena, cuando luego de varias horas de insolarse en la azotea esperando alguna victima, bajó a mi cuarto mi querido “dogor”, y derrotado por las circunstancias pronunció con su vocecita de niño de 8 años…
-Tío Pepin... ¿Por qué la gente ya no juega carnavales como antes?
Eso me partió el corazón carajo... ¿Que decirle a mi querido panza de agua? ¿Ser o no Ser? ¿Mojar o no mojar?... Para que se sintiera mejor mi sobrino, opté por mostrarle un video antiguo de carnavales, gloriosas épocas en las cuales yo mismo en persona le entraba a la inflada de globos. En ese video glorioso aparecen registrados momentos inolvidables de chongo absoluto, como aquella sumergida en barro que le propinamos al panudo de mi primo “palomo”, quien justo ese domingo nos cayó a gorrear el almuerzo y empezó a sacarnos cacha con la ropita que su viejo le había mandado de Italia (junto a mi hermano Beto y un montón de voluntarios de mi cuadra lo levantamos en peso y lo tiramos a una piscina de barro).
Mi sobrinito miraba la pantalla con lágrimas en los ojos, el también se acordaba de eso, el aparecía en el video mas chiquito y menos panzón, regodeándose como un cerdito en el lodo, pero ahora ya nadie sale a jugar los carnavales y los niños sufren. Está demás decir que aquella escena me desgarró el corazón, así que me puse un polo viejo, me calcé mis sayonaras marca “hawai”, y me puse a llenar un montón de globos y baldes con agua del caño, para finalmente junto a dogor, en marcha militar triunfal, dirigirnos para la azotea a intentar resucitar el viejo espíritu carnavalón de la cuadra.
--- o ---
Luego de casi una hora mi sobrino dogor y yo estábamos igual de cagados, no pasaba ni una sola flaca a quien mojar, ni siquiera una chibolita para que la moje dogor, el agua de los baldes valgan verdades ya estaba caliente, y mas de un globo se había reventado impotente e inútil. Mi sobrinito se daba cuenta de nuestro fracaso pero no decía nada para no hacerme sentir mal, definitivamente había que salir de esa, superar aquel mal momento, yo había lidiado con peores problemas, así que opté por pasar al plan B...
-Dogor... ¿Recuerdas la primera regla de los carnavales?
Con la carita roja por el sol, las manos en posición de firmes, y sudando la gota gorda, el panzón de mi sobrino respondió:
-¡Hombre que moja hombre maricón!
-¡Nada dogor! olvídate de eso, olvídate de todo lo que te ha enseñado tu tío Betadas (histórico símbolo carnavalero en mi cuadra), ¡Las wiflas!, él no esta aquí con nosotros en estos momentos duros de batalla, sabe Dios en que cancha de fulbito estará repartiendo patada, mientras nosotros estamos aquí sancochándonos en vida, ¿Quieres mojar a alguien o no?
-¡Si tío pepe! –respondió entusiasmado mi sobrino, cautivado por mi floro monse-
-Ok... entonces nuevas reglas, hoy día mojamos a cuanta persona pase por la jato, todos pierden, que no se salven ni las tías embarazadas ¿estamos dogor?
-¡Cheere tio!
Y fue así que el olvidado espíritu carnavalero revivió en mi cuadra cual ave fénix, la primera victima fue mi viejo, quien venia silbando tranquilo en su bicicleta trayendo las bolsas del mercado, al instante con dogor le descargamos todo nuestro arsenal, del susto casi se estrella con el poste, pero al final una extraña maniobra por esquivar un globo, hizo que solamente se sacara la mierda en el jardín (al menos cayó sobre suave y no se hizo daño).
A continuación y durante toda la tarde, pagaron pato todos aquellos que osaron pasar por la residencia de los Arguedas carajo, vengadores absolutos del carnaval. Como al frente de mi casa hay una tienda donde venden licor, nos dedicamos a acribillar a cuanto borracho se atravesase a realizar alguna adquisición chelera, no respetamos ni a un par de tombas que pararon la guardia para fumarse un fallito relajante.
PD: Desde esta pequeña postdata, quiero agradecer al gran dibujante y talento (por ahora) desperdiciado "REST", quien se ha ofrecido voluntariamente a ilustrar (en un post-it) todas las estupideces que salen de mi mente confundida. Gracias tío :) ... y buena suerte
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Desde aquí puedo ver a la gorda, es una tipa sin escrúpulos, ella sabe lo que le esta haciendo a todos esos adictos que se amontonan en frente de ella por una dosis, a veces creo que esa gorda es el angel caído, el mismísimo Satanás en persona disfrazado de una apacible mujer obesa de aspecto inofensivo, pero yo se tu secreto gorda de mierda, tu eres mala y cruel, por ti mi cuerpo esta sufriendo, ya que he podido comprobar que luego de consumir lo que me vendes, me da un estreñimiento severísimo, una taponeada demencial que me hace sufrir cuando tengo que acudir al trono, por eso nuestra relación es una relación de amor y odio, porque así me enfurezca conmigo mismo y reniegue y patee, se que no puedo vivir sin ti y sin tu droga, por eso me acerco, me abro paso entre los demás viciosos y mirándote a los ojos, porque yo no te tengo miedo gorda basura, pido mi dosis, que será la ultima ahora si, lo juro por mi honor, por dios y por la plata, entonces recién notas mi presencia, alzas tu mirada del suelo, separas con tus manos las cortinas que forman tus lacios cabellos, y me miras a los ojos, yo se tu secreto gorda malvada, yo se porque me han dateado otros viciosos que eres lesbiana, machona, chito, que te gusta el “pan con pan budín”, por eso no respondes a mi descarados coqueteos que son un recurso backup para que algún día me fíes, ya que no siempre la fortuna nos sonríe con un sencillo salvador, a eso se deben tus choteos crueles hacia mi persona, que nunca me des ni una semillita mas de lo debido, te odio ya te he dicho, pero no puedo vivir sin ti...
- Dame un combinado por favor..
- De cuanto?
- De china..
Una mueca de furia cruza su rostro mofletudo, papadón..
- De china no sale joven
- Como que no? pero si ayer me vendiste
- No sale pe, la leche esta cara, el chuño ha subido, esta mazamorra es de purito maíz morado joven
- Ya pe no seas mala, si te compro una de sol me quedo sin pasaje...
- No sale joven..
Gorda de mierda me cagas la vida, te odio una y mil veces, pero reconozco con la humildad de un vicioso que con esas manos regordetas preparas el combinado mas rico de todo el territorio Peruano..
- Ya ya dame uno de sol, me tendré que ir a pie hasta mi casa pes
- ¡ Saaaaale uno de a soooolllll !
Al menos deberías dejar de emitir ese berrido humillante pes gorda basura, lo haces para fregarme no?, para bajarme la moral, quieres hacer leña del árbol caído, estas en tu derecho gorda, no siempre se gana pes y hoy me toco perder contigo mi dealer de azúcar…
- Con pasa o sin pasa?
- Con pasas pes lo justo..
Encima echas las pasas con la mano, gorda cochina, te maleas porque sabes que te respeto, que si te vas del barrio me muero, que no podría vivir sin ese sagrado maná caliente que emerge de tus ollas viejas..
- Acá tienes
Ya no podía aguantar más, meto la cuchara de plástico en el vaso y trago el primer bocado, solo en ese momento estoy tranquilo, la gorda desde su sitio me mira triunfante, con un gesto entre divertido y sufrido, ella sabe que estoy cagado, ella sabe el daño que me hace, ella sabe que los botones de mi camisa ya están que piden clemencia, que los huequitos de mi correa ya pasaron de círculos a huevos, que esta barriga descomunal que ha emergido amenaza incluso mi desempeño sexual, pero no le importa, a ella lo único que le importa es seguir ganando dinero a costa mía, enriquecerse, a mi si no me fía, ni me da vasito de cincuenta, pero bien que me he ganado como coqueteas con las chibolas escolares que se acercan a comprarte, ¡a ellas si le fías gorda pederasta!, para ellas si sacas unos vasitos especiales que escondes debajo de la carreta, pero en fin, a mi no me importa cuales son tus preferencias sexuales, yo te respeto ya te he dicho, pero al menos deberías tratarme un poquito mejor, a mi a tu fiel junky mazamorrero, chau gorda abastecedora, me retiro a mi casa derrotado y encima tirando plancha, a pata, ya que pérfidamente me dejaste sin pasaje, espero poder ser fuerte mañana y no comprarte ni un carajo por mala, por cruel..
.....
.....
Pero no voy a poder!...
Es que es tan rico!... tan delicioso!.
Fin?
UNO
Los primeros quince minutos eran de calentamiento, los segundos quince minutos eran para ensayar los nuevos golpes, y la última media hora era para practicar en parejas todo lo que se había aprendido hasta el momento. Debido a ello a mí siempre me tocaba practicar con un muchacho rubio de mi misma edad cuyo nombre era Dulio.
Dulio tenía una hermana gemela que también estaba en nuestra clase, una niña pecosa y ligeramente obesa, a quien Dulio botaba cada vez que se acercaba al lugar donde estábamos nosotros, la protegía mucho.
Nos hicimos muy amigos con Dulio, nos gustaban las mismas bandas de rock y a los dos nos fascinaba andar todo el día en Skate (él tenía un “Vision” nuevecito con lija transparente y yo un viejo (pero guerrero) “Santa Cruz” de lija negra).
Un día en los casilleros, mientras nos cambiábamos la ropa para irnos a nuestras casas Dulio me dijo:
- ¿Qué te parece si cambiamos de tabas?
- ¿En serio? –Dije un poco incrédulo, primero porque nunca antes nadie me había propuesto tal cosa, y segundo porque las zapatillas que tenia puestas Dulio eran unas Converse (caña alta, blancas con azul) que eran las que mas me gustaban del montón de zapatillas que él tenía-
- Claro pues, es en serio, habla, ¿quieres o no?...
- ¡Ya pues! –Contesté, sin poder ocultar mi alegría-
Aquella noche antes de acostarme, saqué los pasadores de las zapatillas y los lavé con esmero, luego limpié el cuero con una gasa mojada en agua y jabón. Al día siguiente por la mañana sonriente me dirigí al colegio, pensando en lo que dirían mis compañeros de clase cuando me vieran llegar al colegio luciendo esas zapatillas importadas tan bonitas.
---- o ----
Cuatro días después atravesé la puerta del Dojo buscando a Dulio con la mirada, estaba un poco preocupado porque mi mamá se había enojado cuando se dio cuenta que había cambiado mis zapatillas con las de otro chiquillo. Cuando al fin lo ubiqué (estaba sentado en una esquina conversando con un chiquillo nuevo, que se llamaba Franco y que estudiaba en el mismo colegio que él) le pregunté por mis zapatillas y me dijo que las había dejado en el casillero, así que iba a tener que esperar el fin de la clase para realizar el cambio. La verdad, durante esos días yo había extrañado mucho a mis fieles “puma”, así que fuera de los reclamos de mi madre, yo también las quería recuperar con prontitud.
Al finalizar la clase y ya en el vestuario, saqué de mi mochila las zapatillas de Dulio y se las entregué (por consideración, antes de salir de mi casa las había limpiado un poco), él ni siquiera las miró, seguía conversando entusiasmadamente con Franco de un juego de video que yo nunca había jugado en mi vida. Casi sin mirarme sacó mis zapatillas de su mochila y me las devolvió, cuando quise ponérmelas noté que la zapatilla derecha tenía un raspón horrible en la parte frontal y otro aun peor en la parte lateral, era evidente que Dulio había usado mis zapatillas (las únicas bonitas que tenía, aquellas que con tanto sacrificio mi madre compró) para montar Skate… “¿Qué pasa chochera?”, me dijo Dulio al verme callado, “Nada, no pasa nada…”…
Regresé a mi casa caminando, no tuve ganas de subirme al Skate. Me fui pensando en como haría para disimular los raspones en las zapatillas, y también en lo que nos había dicho el profesor antes de despedirnos: “La próxima semana es el examen para cambiar de cinturón, así que si quieren decirle a sus padres que vengan, por favor les avisan…”.
--- o ---
Cuando llegó el día del examen nadie vino a verme, mi mamá no pudo venir porque (por mas que rogó) no consiguió que le dieran permiso en el trabajo, mis hermanos no podían porque iban al colegio en el turno tarde, y mi papá cuando le dije que era mi examen de “cambio de cinturón” bajó la mirada, me miró con cara de extrañeza y me dijo “¿Qué?”, a continuación sin hacerme ningún caso me dio un billete sucio y me mandó a comprar dos botellas de cerveza a la tienda de la esquina.
Estaba sentado en una banca, viendo como llegaban los papás y mamás de mis compañeros de clase, el papá que más curiosidad me despertó fue un señor colorado y enorme, que lucia un terno impecable y que ingresó al Dojo mirando a todos con cara de malo, “Ese es mi papá” me dijo Dulio al oído.
Previas palabras del profesor, las parejas fueron saliendo en orden, una por una, al centro del Dojo, el examen era sencillo, tan solo era demostrar todo lo aprendido en una pelea de exhibición con la pareja, a mi obviamente me tocaba luchar contra Dulio, no había problema, lo habíamos hecho un montón de veces.
Cuando nos tocó nuestro turno el profesor dijo nuestros nombres y nos llamó al centro del Dojo, desde mi lugar pude ver al papá de Dulio sacándose un conejo del cuello, al parecer estaba un poco nervioso, no entiendo porqué. Pero lo que más sorpresa me causó fue ver la cara de Dulio, estaba muy extraño, me miraba con cólera desde su sitio, el tronco erguido, las piernas firmes ligeramente separadas, los puños muy tensos, nunca lo había visto así.
Cuando el profesor dio la orden de comenzar Dulio se me vino encima. Olvidándose por completo que se trataba de una pelea de exhibición comenzó a patearme y a golpearme de verdad, me había agarrado frío y yo solamente atiné a cubrirme, aun así logró colocarme un par de patadas en las costillas y uno que otro golpe en el rostro. Desconcertado comencé a retroceder para evitar la andanada de golpes que Dulio me propinaba, y fue así que por retroceder sin mirar, tropecé con la pierna de unos de los otros chiquillos y me caí.
Nunca podré olvidar la carcajada general que recorrió todo el Dojo, el rostro consternado de algunas madres, la sonrisa orgullosa del padre de Dulio mirando a su hijo, la cobarde mirada complaciente del profesor…… pero el recuerdo que mas claro tengo en la mente… es el inmenso dolor que sentí por dentro cuando vi la cara de burla con la que me miraba Dulio…
DOS
Estaba sentado en la banca solo, esperando mi turno para las prácticas en pareja, cuando de pronto sucedió lo esperado. Ana, la hermana de Dulio nunca tenía con quien practicar (no había en la clase ninguna niña de su edad), por lo que siempre el profesor animaba a cualquiera de nosotros a practicar voluntariamente con ella. Aquella noche no tuvo que obligar a nadie, yo mismo me ofrecí y caminé hacia el centro del Dojo, ante las risas de todos los compañeros y la mirada atenta de Dulio.
Cuando el profesor dio la señal empezó todo… utilizando el robusto cuerpo de la hermana de mi mejor amigo, hice gala de mis mejores patadas, las hice en giro (que eran las que mejor me salían), las hice con salto, y las hice doble en el aire, todas sin excepción dejaban huella en la pobre Ana, quien solo atinaba a cubrirse y a retroceder, era una magistral exhibición de mis mejores golpes, de todo lo bueno (y lo malo) que había aprendido en ese Dojo, aquello que nadie me dejó demostrar el día de la ceremonia de cambio de cinturón. Como era obvio que algo raro pasaba conmigo, el profesor intentó detener la pelea varias veces pero yo no le hice caso, lo único que quería en ese momento era hacer realidad aquello que había pensado durante todo ese horrible fin de semana y lo logré con creces: Ana tropezó y cayó al piso.
Desde su lugar Dulio miraba la escena horrorizado, y no tuvo que esperar a que el profesor lo convocara al centro (que era lo que yo había previsto que haría), para pararse y embestirme como un toro rojo, tal cual lo había hecho la ultima vez, solo que ahora, yo ya lo estaba esperando…
Lo recibí con un puñete directo al rostro para frenarlo en seco, luego hice lo mismo que hacía cada vez que me peleaba en mi barrio o en el colegio, una vez atontado por el golpe, lo tomé de ambas piernas y lo alcé en peso, Dulio cayó aparatosamente al suelo de cabeza y cuando lo tuve a mi alcance lo pateé en la cara tres veces… El profesor (esta vez si) reaccionó ágilmente para cogerme fuertemente de los hombros, tuvo que hacer un gran esfuerzo para inmovilizarme porque yo estaba fuera de mi, Dulio seguía en el piso y no reaccionaba, el profesor comenzó a arrastrarme hacia fuera del Dojo, yo me resistía con todas mis fuerzas (… porque faltaba algo…), y luego de algunos segundos, cuando pensé que ya no sucedería, Dulio alzó el rostro al fin…........... Y entonces pude mirarlo… con toda la furia que encerraba mi corazón lacerado…...
“Ya llegó el Manolito”, decía mi madre con una sonrisa, e interrumpía su sesión de maquillaje frente al espejo para ir a abrirle la puerta. “Buenos días señora, ¿está José?..” decía Manolo respetuosamente, llevaba pantalones cortos, las rodillas sucias y un balde de playgo en su mano derecha. “Si está hijito, pasa” decía mi madre, riéndose un poquito porque Manolo le hacía la misma pregunta todos los días: “¿Está José?” (¿En donde más podría estar un niño de siete años a las ocho de la mañana?). Por lo general cuando Manolo llegaba a mi casa yo me encontraba recién desayunando “¿Tu ya desayunaste Manolito?” le preguntaba mi Mamá, “Si señora, ya desayuné” respondía él todo serio, luego se sentaba en la mesa, colocaba su balde de playgo encima y al fin me hablaba “¿Hay que jugar?”. Algunos minutos después, ambos estábamos sentados frente a frente con las fichas divididas en dos montoncitos iguales, uno para él y otro para mí.
Jugábamos a muchas cosas, pero la que mas recuerdo era una especie de parodia que hacíamos con unos personajes que nosotros mismos creamos y construimos. Uno de ellos era “Fonzi”, que estaba basado en el personaje de la popular serie (por aquellas épocas) “Días felices”, un tipo rudo de larga cabellera azabache que siempre estaba rodeado de chicas. La otra era “Vivi”, una chica rubia y bonita por la que todos los personajes masculinos del barrio morían de amor. El tercer personaje era una genialidad creada por Manolo, se llamaba “Volteado” y era el archienemigo natural de Fonzi, un tipo negro, feo, y encima chueco que vivía en “otro barrio” y que siempre llegaba dispuesto a dar problemas.
Por lo general siempre jugábamos a lo mismo: Volteado llegaba de improviso al barrio de Fonzi y armaba la bronca por cualquier cosa solamente para llamar la atención de la buena Vivi, de quien estaba perdidamente enamorado.
Y es así que Fonzi y Volteado se pateaban en espectaculares partidos de fútbol, se retaban a bailar breakdance en los tonos, se agarraban a duelo de tacles, corrían el uno contra el otro en mortíferos piques, o simplemente se agarraban a combazos frente a todos. Obviamente en este juego, el que ganaba las peleas y el que terminaba siempre quedándose con Vivi era Fonzi, pero a veces, solo a veces (y estos episodios “sorpresivos” eran los mejores), era Volteado quien se hacia de la victoria, y lograba al final, un besito lastimero de la buena Vivi. Como era yo quien había inventado al personaje, yo interpretaba a Fonzi, le hacia hablar, le daba vida a sus movimientos, trataba siempre por todos los medios de rodearlo siempre de cosas chéveres: casas con piscina, autos modernos, ropa cara y bonita… (Ahora que lo pienso, tal vez Fonzi era el personaje que yo soñaba ser de pequeño, un hombre guapo, interesante, exitoso, y por su puesto con mucho dinero… aunque ahora que me doy cuenta, nunca, ni Manolo ni yo, le inventamos un empleo, pero de haberlo hecho, estoy seguro, segurísimo, que no sería el de aburrido “analista de sistemas”…)
Manolo en cambio, se sentía contento interpretando a Volteado, un villano simpático que se ganaba siempre el cariño del público. A diferencia mía con Fonzi, Manolo construía los accesorios de Volteado sin poner ningún énfasis en la estética, pasando totalmente por alto teorías básicas como la simetría ó la combinación adecuada de los colores, a Manolín parecía llegarle al “chopin” todo eso, lo único que él quería era terminar sus cosas rápido…
Y así jugábamos todo el día metidos en mi casa, haciéndonos negar cuando otros amiguitos de la cuadra nos venían a buscar para jugar pelota. A mi me gustaba mucho el fútbol, no es por vanagloriarme, pero yo jugaba en el mejor equipo de fútbol de todo el barrio “Los Tigres FBC”, con quienes campeonabamos todos los años, pero debo confesar que vivir una 2da vida a través de Fonzi y los demás personajes del playgo me gustaba más, creo que siempre, desde pequeño, me gustó mucho fantasear con personajes interesantes diferentes a mi.
Siempre que mi papá llegaba borracho a la casa y comenzaba a pelearse con mi mamá, Manolo y yo nos apresurábamos en bajar todas las fichas debajo de la mesa, y allí, ocultos tras el largo mantel, seguíamos dándole vida a nuestros personajes ficticios, caracterizando sus divertidas voces… tratando de ignorar, por todos los medios, los gritos, los insultos, todo lo feo que acontecía allá afuera…
--- o ---
Cuando mi bebé era pequeña me aburría jugar con ella, Camila hacía que le bajara todos los peluches de su repisa (¡que son un montón!) y me insistía que los hiciera hablar uno por uno y moverse como si fueran títeres, a ella le divertía mucho que yo imitara las voces de Barney, Tiger, y Winnie Pooh, sus muñecos favoritos de aquellas épocas.
Ahora con sus casi cuatro años, las cosas han cambiado para bien, mi hija ya está mas grandecita, y casualidades deliciosas de la vida: ¡Le encanta jugar al playgo!, así que ya me ven todos los sábados, sentado frente a mi hija, las fichas desperdigadas por toda la cama, construyendo animalitos y casitas y aviones y castillos y todo lo que a mi hija se le ocurra.
Fue recién la semana pasada que me atreví… cogí tres fichas del playgo de mi hija, y sintiendo muchísima nostalgia, construí (luego de muchísimos años) un “Fonzi”…
- ¿Que es eso Papito? –preguntó Camila-
- Es un muñequito… un muñequito con el que jugaba papá cuando era niño… se llama Fonzi… ¿Te gusta? –le pregunté algo emocionado-
Camila me miró a los ojos (he notado que ella se da cuenta cuando me emociono) y luego recién miró al muñeco…
- ¡Si me gusta!… ¿Y tu muñequito habla papá?
- ¡Pues claro que habla!
- ¡A ver!
Y fue entonces que Fonzi se presentó educadamente (como el caballero que siempre fue) ante mi señorita hija, su aspecto había cambiado en algo: su cabello que toda la vida había sido negro, era ahora verde (me voy a quejar con los señores de “Playgo” porque ya no hacen piezas delgaditas de color negro, no hay derecho oiga usted..) y su voz, antes fina y aguda, se había tornado un poco mas gruesa…
- ¡Y no sabes Camila…!
- ¿Qué cosa papá?
- ¡El muñequito Fonzi tiene su novia!
Siempre que juego con mi hija, le hablo así, de manera histriónica y exagerada para captar su atención…
- ¿Si?… ¿Y como se llama?
- ¡Se llama la muñequita Vivi!… ¿La quieres conocer?
- ¡Siiiiii….!
Y entonces comencé a buscar entre el montón de fichas, las piezas necesarias para construir el cabello de una “Vivi” (que son dos, una larga y delgadita, y otra de forma triangular (para su colita), ambas de color amarillo, porque recordemos que Vivi era rubia...), pero de pronto, no sé porqué extraño impulso, en vez de buscar piezas de color amarillo, mis ojos buscaron dos piezas verdes, y mis manos, en vez de construir una muñequita “Vivi” clásica, alta, rubia y espigada, terminaron construyendo una más pequeñita, un poco rechoncha, y de largo cabello verde…
- ¿Ella es la muñequita Vivi Papito?
- No mi amor…… ella es la muñequita Camila, ella es ahora, el único amor de Fonzi…
FIN.
PD: ¿Cuando nos visitas Manolín?, quiero que le enseñes a Camilita como construir a un “Volteado”…
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“Y Luquitas, ya estarás entrenando ¿no?”
“¿Entrenar? ¿Para qué calichín?”
“El viernes te destrono Luquitas…”
“En la mesa del Bar se ve a los bravos”
“Pues allí estaremos tío…”
“¡Ayayay…!”
Esta ultima frase (“¡Ayayay!”) era el grito de guerra del buen Lucas, una frase que repitió durante toda la semana para saludar a Bruno “¡Ayayay Bruno!” decía todas las mañanas al entrar en la oficina, como lamentando el hecho de tener que maltratar a ese muchacho en batalla, a ese “calichín” (como él lo llamaba despectivamente), era su forma de advertir a Bruno lo que le esperaba el viernes, una forma resumida de decir: “Ayayay Bruno, no sabes en lo que te has metido”.
Cuando llegó el día viernes, las reglas habían sido puestas sobre la mesa, ambos podrían llevar hasta tres padrinos, y el duelo terminaría solamente si es que el otro se rendía, o se quedaba jato, o vomitaba, estas eran las reglas simples de la contienda.
“¿Vas a ir Pepe?” –Me preguntó Bruno
“No se cholo, tengo harta chamba. Si acabo rápido me doy un salto pes, ¿Dónde van a estar?”
“En la rockola supongo, oe anda pe’, no sé porqué pero creo que hoy lo cago a Luquitas weon…”
“Voy a hacer todo lo posible pes tío …”

Y Bruno abandonó el edificio rumbo a la rockola y yo me quedé preocupadísimo tratando de resolver unos problemas con un aplicativo, que aquella semana me había tratado peor que hembrita (o sea hasta las webas). Por más que miraba y miraba el código, por mas que depuraba y depuraba, no daba con la solución, “Definitivamente debí haber estudiado en Idat carajo, así seria un monstruo en computación y ya le habría dado solución a esta mierda”, pensaba, preocupado por los mails quejumbrosos de los usuarios, que ya empezaban a llegar a mi bandeja con copia a mi jefe…
Recién a las 9 y media pude salir del trabajo, saqué mi celular del bolsillo y vi que habían 5 llamadas perdidas y 10 mensajes sin leer, todos contenían palabras soeces increpándome mi ausencia en aquella batalla campal, marqué el número de Bruno
“¿Donde estan tío?”
“Aquí pes tío…”
“Ahhhhh…. No en la rockola, allí no estamos, estamos antes, te vas a dar cuenta por el par de C#%%&&$ que están en la puerta”
“Jaaaaaaa… Ya ok tio, allá estoy yendo”
“Cheere…”
“Ya ves Luquitas, te dije que te iba a parar el macho ¿si o no?” –Decía Bruno, golpeando fuertemente la base del vaso contra la mesa
“Jaaaaaaa…. Aun el duelo no termina Calichin” –Decía Luquitas, invitando a su oponente a servirse otro vaso cepillado...

Si tengo que ser justo con esto, debo decir que Luquitas en los seco y volteados demostraba una mayor destreza, el líquido amarillento y espumoso de la cerveza, desaparecía de su vaso en milésimas de segundos, a veces incluso, yo temía que el mismísimo vaso terminara desapareciendo dentro de esa garganta prodigiosa de Luquitas.
“Habla Luquitas, ¿Un ultimo seco y volteado?” -dijo Bruno bajito, no muy convencido, pero Luquitas no contestaba, tenia los ojos cerrados, ¡se había quedado jato!.
Bruno alzó sus manos, “¡Gané conchasumare, gané…!”, dijo y quiso ponerse de pie para celebrar con sus congéneres, pero su alegría duró muy poco, porque desde lo mas profundo del averno, desde la mas nigérrima oscuridad … se escuchó en la cantina el grito de “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAGGUUUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!”…………….

Era Luquitas que resurgía de las cenizas cual ave fénix, empuñaba el vaso del reto y lo desaparecía en su garganta tal cual era su costumbre, lo malo fue que fue la última exhalación de su poder… su ultimo vaso de la noche, el ultimo gran golpe del campeón, acto seguido y ahora si, se quedaría profundamente dormido…
Y fue así que Bruno explotó de alegría, alzó los brazos, saltó, rió y hasta lloró un poquito, había destronado al histórico campeón con humildad y este era su momento de gloría… “Saleeeeee el campeoooooooooonnnnnnn………….. Saleeeeee el campeooooooooonnnnnnnn.………!!” … gritaba Bruno, gritaba War, gritaba Edgardo, gritaba Shipi, gritaba Beto, gritaba yo, gritábamos todos, y desde todos los rincones de la cantina nos miraban sorprendidos, nadie –excepto nosotros- se podría explicar que había sucedido aquella gran noche…
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Cuando tuve frente a mi, a la primera mujer dispuesta a acostarse conmigo en mi vida, tuve que pagarle…
“¿Y ahora qué me vas a dar?”
Me dijo ella, de pie, en medio de mi cuarto, y yo totalmente entregado, caminé rápidamente hacia mi cómoda y saqué mi más preciado tesoro: un fólder azul llenecito de calcomanías.
Con mucha paciencia, tomándose su tiempo, sin notar que yo, a su lado, desfallecía de deseo, revisó página por página, sticker por sticker. Y así cogió, entre sus deditos, las cinco calcomanías mas bonitas del fólder, las introdujo en el bolsillo trasero de su diminuto short y me dijo “Ya, está bien”.
Se sacó el short, el calzón y los zapatos de colegio, pero se quedó con el polito de educación física puesto, “Tengo frío”, dijo, yo ya estaba desnudo hacia rato. Se echó en la cama boca arriba, yo me senté a su lado, la miré todita. Tenia los pies pequeños, las piernas y los brazos gorditos, el cabello corto lacio, castaño, la carita de bebe, siempre recordaría esa imagen. “Ya, ahora súbete encima”, le hice caso, me subí, “Ya, ahora métela”, traté de no hacer mucho peso sobre ella, de no lastimarla, no quería que ella me odiara, quería que me quisiera, yo la quería mucho… se la metí, y me quedé un rato allí, mirándola a los ojos, sin poder creer que al fin lo estaba haciendo, “¿Qué te pasa?”, “Nada”, “¡Entonces muévete pues!”. Y comencé a moverme, a moverme, a moverme, su aliento en mi oreja, mi nariz y su cuello, juntos, de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, mis manos cogiendo sus muslos, sus garras detrás de mi espalda, y ese olor… cierro mis ojos… exploto…
Caigo, desfallecido a su lado, en la cama, ella sube su calzón…
“¿Qué harías si quedo embarazada?” –dijo en broma-
“Me caso contigo” –respondí muy en serio-
“Bueno, me voy”
“¿Por qué?, No te vayas…”
“Es que tengo que hacer mis tareas..”
“¿Mañana vienes?”
“No se… si tu quieres…”
“Si quiero..”
“Entonces ya pues”
“Chau”
“Chao”
Corro feliz hacia el calendario, marco la fecha con un plumón rojo… Luego de dos meses de felicidad, mi fólder de calcomanías quedaría vacío… tenía yo catorce años…
Ocho años después…
Tengo el cabello muy largo, la barba rala, un polo negro de cypress hill debajo de un sacón viejo. Luego de mucho tiempo regresé a mi antiguo barrio, me han dicho que ella volvió de estados unidos y que se va dentro de poco, yo solo quiero verla aunque sea de lejos.
Prendo un cigarro, camino hacia la esquina, y entonces la veo venir, está con una amiga, caminan por la acera del frente. Empiezo a temblar, no se porqué, su sola presencia me infunde temor, miedo, respeto, no lo sé, tan solo siento como si toda mi sangre se congelara de repente. Ella también está fumando, ahora la puedo ver bien, está bastante subida de peso, pero eso a mi no me importa, porque ella no es ella, ella es lo que fue, lo que siempre será para mi. Siento que me mira, pensé que no me reconocería, pero si lo hizo, nuestras miradas se cruzan por unos segundos, mi boca está seca, no se que haré si me llama, si quiere saludarme. Pero no lo hace, sigue caminando de frente, pasa por la que antes era mi casa. Este barrio, aquella casa, ella… me parece increíble estarla viendo luego de tantos años… Necesito fuerzas para cruzar la pista, necesito fuerzas porque quiero hablarle…
“Tengo tantas cosas que decirte, cosas que en el fondo, solo puedo compartir contigo… tantas cosas por las cuales agradecerte, tantas cosas por las cuales pedirte disculpas. ¿Recuerdas aquella tarde tan horrible, en que mi padre nos encontró desnudos en su cama?, ¿recuerdas todas las cosas feas que nos dijo?... éramos tan solo unos niños… ¿recuerdas?. Aquella tarde cambió mi vida para siempre, de muchas formas, tú no sabes todo lo que me dijo mi papá cuando te fuiste, cuando escapaste avergonzadita por la puerta trasera de mi casa, tu no sabes las cosas que me preguntó, tu no sabes todas las asquerosidades que él pensaba de mi. Aun así, le rogué que no le contara nada a mi mamá, pero lo hizo, y mi mamá me tiró muchas cachetadas, y me jaló mucho el pelo, y lloró mucho también, me dijo que yo era un cochino, y yo insulté a mi padre, le dije que era un soplón, un cabrón conchasumadre. Tardé muchos años en enterrar eso… sabes… ¿Sabes que a pesar de todo el tiempo que pasó, aun te quiero?, ¿sabes, que el mejor sexo que he tenido en mi vida lo tuve contigo?, ¿Sabes?... No, no sabes…”
Debí haberte dicho todo eso aquella vez, debí haber cruzado la pista y decirte que necesitaba hablar contigo unos minutos, tal vez hubieras aceptado, y yo no sentiría nunca más, que llevo estas palabras atragantadas en el alma…
Ese cuadrito me lo regaló (en un intercambio de regalos) una amiguita a quien volví a ver luego de trece años. Se dio el trabajo de escoger aquella foto de mi Hi5, la imprimió a colores y construyó con sus manos este precioso cuadrito que ahora estoy mirando, y que más parece hecho por una niña de ocho años que por una chica de veintiocho.
A Carlita le gusta hacer muchas cosas, algunas ciertamente contradictorias, como por ejemplo hacer apología de la comida vegetariana y luego insistirte en salir a comer un dañino “ceviche con sus chelas”. Habla muchos idiomas y me encanta cuando de vez en cuando en sus correos, filtra una que otra palabrita rara en portugués, francés o italiano. La pueden ver caminando por la calle, oculta tras unas enormes gafas oscuras marca “reef.”, un corte de cabello extraño y una guitarra en la espalda.
Como dije… a Carlita le gusta hacer muchas cosas, pero de todas, la que mas valoro yo es su talento para escribir poemas, la verdad, a mi no me gusta mucho la poesía, y son pocos los poemas que han logrado cautivarme o conmoverme, algunos de los escritos de Carla lo han conseguido y eso me complace, me hace sentir bien el hecho de ser honesto cuando le digo “me gustó tu poema” y no decirlo por compromiso.
Pero como dije, yo conozco a Carla hace trece años, la conocí en el ICpna de miraflores cuando este era solo una casona y no el moderno edificio que ahora es, yo llevaba el cabello recogido en una cola y Carlita lo llevaba todo en la cara.
Ella era la menor del grupo, circunstancia de la cual creo que nos aprovechábamos un poco para ir a beber (de vez en cuando) unas cervezas a su casa. Tengo dos imágenes muy claras de Carla en mi mente, imágenes que nunca se borraron y que siempre las llevé conmigo…
La 1ra es de aquella vez en que su mamá, harta de nuestra conchudés y con todo el derecho del mundo, no nos dejó utilizar su casa para otra de nuestras juergas, desde afuera pudimos escuchar su voz alterada diciéndole a nuestra amiga: “Carajo… No Carla… ¡Diles que se vayan a chupar a otro lado!”… lo siguiente que sucedió fue lo que recuerdo más, y es a la pobre Carlita con el rostro lloroso disculpándose por lo sucedido, le dijimos que no había nada que disculpar y minutos después estábamos libando licor en la casa de Katy, otra de las chicas.
La 2da es de aquella (y única vez) que salimos en una cita. Fue un catorce de febrero y nos fuimos al cine de camino real a ver una película que no recuerdo si fue “mi pobre angelito” o “la mascara”, la pasamos bonito aquella tarde, y cuando la fui a dejar a su casa, estoy seguro (así ella lo niegue, o conociéndola tal vez no..) que ella quería que yo la besara, y no se, tal vez yo también quería besarla, pero no lo hice, no pasó nada, creo que ante la tensión dije algo así como “Ay Carlita aun eres una niña” a lo cual ella respondió muy ceremoniosa que “Para el amor no hay edad”, es un lindo recuerdo.
Pero un buen día, Carlita no llegó nunca más al ICpna, su teléfono dejó de ser su teléfono, su casa dejó de ser su casa, simplemente desapareció del mapa.
Muchas veces me pregunté que habría sido de esa chiquilla de largo pelo castaño en la cara, brackets, polos de micky mouse, y zapatos bass… hasta que un buen día luego de trece años (como vuelvo a repetir) regresó a mi vida en la forma de un comentario en el Hi5.
Sonreí y me alegré mucho cuando descubrí que aquel comentario provenía de Carla, e inmediatamente procedí a contestarle, que loca que es la vida, y que fácil es ahora ubicar a alguien en el ciberespacio, “El Hi5 es mejor que la Reniec” escuché alguna vez, y creo cien por ciento que es verdad.
Quedamos en vernos un domingo en la puerta del museo de arte, como ya habíamos chateado algunas veces antes del reencuentro, me preocupé de grabar su canción favorita en un cd y colocarlo en el auto para que ella lo escuchara y se sintiera a gusto, a ella le agradó mucho el detalle..
Esa tarde nos alcanzó para almorzar juntos (en un restaurante vegetariano que ella propuso), ir a hacer la digestión al borde del mar (con tiradita de piedras desde el muelle y toda la cosa) y finalmente pasear (por primera vez en mi vida, creo) por el campo de Marte, nos reímos mucho y re-descubrimos que seguimos teniendo hartas cosas en común. Disfruté mucho de la compañía de Carlita aquel domingo, me dio harto gusto recuperarla luego de tanto tiempo, y notar que para ella el tiempo no había pasado, estaba igualita, por dentro y “casi” por fuera (ja, ja..) se lo dije, y ella opinó lo mismo de mi.
Luego de ese primer reencuentro hubieron otros, a veces ella iba a mi trabajo y almorzábamos juntos, siempre me traía un regalito, un detalle hecho con sus manos, lo cual me encantaba, otros domingos, aprovechando que me dejaban solo en casa, aprovechaba para “escaparme” y juntarme con ella e ir a comprar cualquier cosa a gamarra o a polvos azules, ella me acompañaba gustosa, a pesar de que no acostumbraba frecuentar mucho ese tipo de lugares, la llamaba por teléfono y allí estaba, una vez incluso faltó a una de sus clases de guitarra por acompañarme.
Por diversos motivos hemos dejado de frecuentarnos, pero hace unos días recordé que este 1ro de mayo es su cumpleaños (curiosamente mi amiga nació en el “Día del trabajador”, razón por la cual le hecho muchas bromas, ya que ella no es muy adicta al trabajo que digamos..), así que este humilde post es algo así como una tarjetita virtual de cumpleaños para mi amiga Carla, a quien quiero mucho y a quien espero que le vaya muy bien en la vida… ¡que ya es hora no!... ja, ja, ja… ¡Feliz Día Amiguita!... Y piensa muy bien en tu deseo de cumpleaños antes de soplar las velas, que eso no es cosa de juego…









